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Editorial

Municipios, esas entelequias…

En etimología básica, la palabra municipio se origina en el latín municipium y se compone de dos conceptos: munus o muneris (cargo, deber u obligación) y capere (tomar). De donde se deduce que quien asume un cargo en un municipio adquiere un deber u obligación que los especialistas luego se encargaron de definir como “servicio a la comunidad”.

¿Sirven los municipios a la comunidad? A juzgar por los resultados, muy poco. Prácticamente todas las organizaciones comunales destinan casi todos sus ingresos a gastos corrientes, a pagar intereses de préstamos con los que muchas veces afrontan esos gastos corrientes y a cubrir toda clase de detalles presupuestarios no estrictamente vinculados a inversión en obras. Lo que queda para este último concepto es marginal, lo que sobra luego de mantener la estructura administrativa.

Un estudio dado a conocer por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) en 2018 da cuenta de que en el Paraguay, los municipios destinan un promedio el 88% de sus ingresos a gastos corrientes y apenas el 12% a gastos de capital, es decir, en obras de servicio público. En su enfoque denominado Nueva Agenda Urbana, la institución pone énfasis en la necesidad de que las administraciones municipales “mejoren su situación fiscal, de auditoría y de recaudación, racionalicen gastos y desarrollen sistemas de gestión financiera o de información más eficientes”. En el Paraguay estamos muy lejos de todo esto. Los municipios siguen siendo cotos de caza de políticos desgastados y desprestigiados que sólo buscan empotrar en las administraciones comunales a verdaderas cohortes de familiares seguidas de auténticos regimientos de mano de obra política barata pagada por el presupuesto municipal. Con este modus operandi, es natural que el presupuesto no alcance más que para mantener gente.

Los municipios paraguayos son hoy verdaderas entelequias. ¿Qué significa eso? Hay dos definiciones. Primera: “Cosa, persona o situación perfecta e ideal que solo existe en la imaginación”. Pero tal vez la segunda sea más aplicable en este caso: “Modo de existencia de un ser que tiene en sí mismo el principio de su acción y su fin”. Y qué es un municipio en el Paraguay sino una institución que aunque haya sido creada para servir a quienes la mantienen con sus impuestos, termina siendo un fin en sí misma sólo para beneficio de quienes la componen. Lo dicho, una entelequia.


HERRAMIENTAS DE AMÉRICA LATINA – Marcel Lhermitte

La cruzada contra el lawfare – Parte 1

En mis años de estudiante en la Licenciatura en Ciencias de la Comunicación en la Universidad de la República tuve la suerte de cursar Terminología, una materia optativa que pertenecía a la carrera de Bibliotecología. Allí recuerdo haber hecho un trabajo sobre neologismos. En ese momento nos pidieron estudiar las nuevas palabras que aparecían vinculadas a la informática, entre ellas muchos extranjerismos, como hardware, software, mouse, etc. Mucho más de una década después, y ya con los extranjerismos informáticos incorporados al lenguaje cotidiano, nos encontramos con neologismos en la política, entre ellos dos que están siendo las vedettes: fakes news y lawfare.

El lawfare, según una muy precisa definición de Camila Vollenweider y Silvina Romano, es “el uso indebido de instrumentos jurídicos para fines de persecución política, destrucción de imagen pública e inhabilitación de un adversario político. Combina acciones aparentemente legales con una amplia cobertura de prensa para presionar al acusado y su entorno (incluidos familiares cercanos), de forma tal que este sea más vulnerable a las acusaciones sin prueba. El objetivo: logar que pierda apoyo popular para que no disponga de capacidad de reacción”. El ejemplo más popular sin dudas sea el del expresidente brasileño Lula Da Silva, encarcelado por el juez Sergio Moro, quien posteriormente terminó siendo ministro de Justicia en el gobierno de Jair Bolsonaro, pero hay muchos, algunos más publicitados que otros.

El lawfare es una herramienta utilizada fundamentalmente en América Latina, pero también ataca a políticos africanos y asiáticos, mientras que en Europa es menos popular, aunque el líder de la Francia Insumisa, Jean-Luc Mélenchon es una de sus víctimas.

“Antes nos hacían golpes (de Estado) o asesinaban, ahora también siguen haciéndolo, pero el lawfare es menos costoso”, dijo Mélenchon en su visita a Montevideo, en el marco de su gira latinoamericana en la que se encuentra denunciando esta práctica de inhabilitación de actores políticos.


MEDIOAMBIENTE – Brigitte Baptiste

Guerras de fuego

Habiendo quemado el norte global el petróleo y carbón que intoxicaron la atmósfera, se dispone el sur a una retaliación suicida quemando las grandes selvas ecuatoriales con el argumento de la justicia global. Hay que ser muy majadero para usar la selva y la biodiversidad de rehén. Equivale, como diría Gustavo Wilches, a vender un riñón para comprar la máquina de diálisis… y no tener dónde conectarla, añadiría. Les pasa lo mismo a los colonos impulsados por oscuros capitales cuando sirven de brazo con motosierra a los intereses del narcotráfico y el latifundio, impulsados por la búsqueda de equidad a talar el patrimonio de sus propios hijos.

Los incendios de la Amazonia brasilera, la chiquitania boliviana o el chaco y el pantanal paraguayos no fueron originados por la temporada seca. De hecho, se sabe que el fuego es el instrumento por excelencia para conquistar y reclamar tierras públicas o derechos colectivos establecidos en torno a la funcionalidad ecológica de la selva, un bien común. En el caso de estos países y de Colombia, el fuego no solo es un instrumento de guerra contra la vida silvestre, poco valorada en las economías especulativas de corto plazo, sino contra los pueblos indígenas y las comunidades locales: es una guerra contra la diferencia, contra el Estado de Derecho, a favor del enriquecimiento de autoridades y gobiernos cooptados o controlados por el capital corrupto.

Estas guerras del fuego cierran 70.000 u 80.000 años de incineración planetaria y el fin de la conquista pirómana de la Tierra, alcahueteada por los que convenientemente niegan la ciencia y los derechos de la sociedad al futuro. Se podría hacer la secuela de la película de Jean Jacques Annaud (1981) con la imagen satelital del mundo encendido, donde nadie reconoce haber prendido la mecha, para entender el fin de una era: la civilización.


 

Equipo Periodistico
Escrito por

Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, Lorena Barreto, Luz González, Jacqueline Torres, Patricia Galeano, Magalí Fleitas, Victor Ortiz, David Chamorro, Mary López, Jhojanni Fiorini, Juan Martínez.

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