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Editorial

Electrizante

Los senadores quieren menos gasoil y más kilovatios

Los senadores andan preocupados por articular alguna política dirigida a impulsar el uso del transporte eléctrico. Parece que después de mucho pensar, trabajo arduo si los hay, llegaron a una sorprendente conclusión. Una de las luminarias más brillantes entre los honorabilis patres lo expresó así: El Paraguay es un gran importador de combustibles; si logramos reemplazar los vehículos diesel por vehículos eléctricos, vamos a ahorrar una gran cantidad de divisas”. Digamos que no es un pensamiento merecedor del Nobel de economía pero no se podrá negar que tiene su lógica: el gasoil no se produce acá, la electricidad sí. Una idea sensata.

Pero, ¡oh, no! La sensatez no tiene nada que ver cuándo lo que se privilegia son los grandes negocios. Veamos. Encarnación y Posadas han sido remodeladas por influencia de la represa de Yacyretá, que funciona aguas abajo. A través del puente que las une, herencia de otros tiempos, corre un trencito que une ambas ciudades y agiliza el cruce peatonal. Lo más lógico sería que, en cercanía de tan abundante fuente de kilovatios, el tren fuera eléctrico. Pero… no, no lo es. La coqueta formación está tirada por una locomotora diesel e integrada por coches de origen holandés. De paso, Holanda genera el 65% de su energía eléctrica con centrales a gas, intensas emisoras de GEI. Sin embargo, todo el país está cruzado por trenes electrificados y el transporte urbano servido por tranvías eléctricos. Alguien está equivocado. ¿Seremos acaso nosotros? Cuando se lanzó la idea del Metrobus, hoy pieza de museo, los vehículos debían ser eléctricos.

Pero algún genio hizo un cambio por el camino y, si hubiera funcionado, estaría servido por buses diesel. Otra. El tan mentado “tren de cercanía”, otro fantástico capítulo del Neverland paraguayo, tendría que ser eléctrico, de acuerdo a la doctrina. Si por ahí cuaja, ya vendrá algún revolucionario autóctono a trocar las silenciosas y limpias unidades eléctricas por estruendosas y malolientes máquinas diesel casi seguro de segunda mano, traqueteantes y pringadas de hollín como corresponde a un tren del tercer mundo. El guarda viajará colgado del manillar externo, medio cuerpo afuera, para ir cosechando pasajeros por el camino.

Los honorabilis patres tienen razón. Si usáramos menos diesel y más kilovatios … y si las cuentas cierran, por ahí pasamos al frente.

Columnistas
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Expertos en Historias urbanas.

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