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EL CANDIDATO
jueves, mayo 6, 2021
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Asunción

Basta de floreros y buitres
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No estaría mal, un año de estos, abrir un debate sobre la utilidad que cumple la figura del vicepresidente de la República.

En la praxis política paraguaya, la aparente camaradería mantenida por cada “fórmula” durante la campaña electoral tiende a transformarse, ya en el ejercicio del poder, en una paulatina y creciente animosidad o, al menos, distanciamiento en términos operacionales. Es algo así como si el vice buscara construir un espacio de amortiguación entre él y las inevitables metidas de pata del presidente.

Los humoristas gráficos, en especial los más talentosos, han logrado verdaderas epopeyas con la figura vicepresidencial, desde el emblemático florero que sólo sirve de adorno según donde se lo coloque hasta la siniestra silueta del buitre que espera, pacientemente desde algún árbol cercano, que el titular cree la vacante y él sea llamado a llenarla.

Existen muchas maneras de asegurar la sucesión en el máximo cargo político de un país. Desde los estados parlamentaristas que se reservan la función de asegurar la continuidad de un gobierno, pasando por las monarquías y sus príncipes herederos hasta los sistemas presidencialistas que confían al Congreso la responsabilidad de llenar transitoriamente la potencial ausencia del Primer Magistrado, todos operan como mecanismos que entran en funciones automáticamente siguiendo un ordenamiento constitucional.

La era democrática que arrancó en 1989 nos ha ido dejando ejemplos poco constructivos sobre la figura vicepresidencial. Ha habido casos en que de compañero de ruta del Presidente, más de un vice se ha convertido en adversario enconado y, prácticamente sin excepciones, en precandidatos a presidente para la siguiente elección, garantizando encrespadas internas partidarias financiadas, vale decirlo, con dinero del PGN destinado a la vicepresidencia.

No es que mantener al vicepresidente sea muy caro, estrictamente hablando. Le saldrá al contribuyente este año unos Gs. 13.500 millones. Se trata más bien de la relación costo-beneficio. Si vamos a seguir gastando esa plata, por qué no destinarla a remodelar escuelas, siempre necesitadas de un retoque.

Una enmiendita a la Constitución y ya está. Y de paso se libera al Presidente de una verdadera sombra negra que lo acecha desde el primer díade gestión.

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