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EL CANDIDATO
jueves, mayo 6, 2021
15 C
Asunción

Omertá
O

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“No hay dudas de que el 21 de setiembre de 2016, a las 16.00, el acusado Silvestre Olmedo, cura párroco de la capilla San José de Limpio, manoseó a Alexandra Torres en la espalda y en los senos en el momento de estar redactando una nota…”

Esto se escribió en la sentencia judicial firmada por los magistrados Letizia de Gásperi, Dina Marchuk y Hugo Segovia en base a la cual los cargos por abuso contra el cura mencionado fueron retirados. Lo descrito al comienzo no es suficiente para dos de los magistrados que votaron por la absolución del cura. “Deben existir otros hechos para que constituyan un hostigamiento” abunda el documento del tribunal.

El relato que precedió a la sentencia, hecho por la jueza de Gasperi, es abundante y minucioso en detalles. La víctima tuvo que soportar, durante varios minutos, los avances del sacerdote que se aprovechó de la situación manoseándole primero el cabello, luego la espalda y metiéndole finalmente una mano dentro del sostén.

Repugna tener que reproducir estas acciones relatadas con total calma por la presidenta del tribunal, hecho que le dio mayor valor documental. La víctima, finalmente, optó por escapar del despacho del sacerdote para refugiarse en un baño y echarse a llorar.

Pero, para el tribunal, no hubo acoso, no hubo apremio sexual, no hubo hostigamiento del sacerdote. ¿Cuántos “otros hechos” debieron ocurrir para que la joven se sintiera abusada sexualmente? ¿Qué le arrancaran la ropa a tirones, que la golpearan para reducirla y la violaran, como ocurre con tanta frecuencia?

¿La victima tiene que yacer en una cama hospitalaria, con transfusión de sangre y el cuerpo molido a golpes? ¿Qué hechos serían esos, damas y caballeros del tribunal, si pueden ser más explícitos? Es de esperar que, antes de que la víctima apele la sentencia, alguna instancia competente la revise y considere si se ha hecho justicia o se ha hecho mofa de ella. Veremos.

La que sí debe expedirse cuanto antes es la Iglesia a la que pertenece el cura de marras. ¿Especificará también, copiando a los jueces, cuánto puede manosear un cura a una mujer sin violar sus votos sacerdotales? Pero tampoco por aquí se puede esperar gran cosa, ya que el propio Arzobispo le ha adelantado su apoyo y bendición al cura “exculpado”.

Ah, lo de omertá del título se refiere a la ley del silencio de las mafias.
Callar, obedecer, pertenecer.

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