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EL CANDIDATO
martes, mayo 11, 2021
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Asunción

Obras, ¿son amores?
O

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Inaugurar por inaugurar decíamos en nuestra edición del viernes. Tras el hallazgo del titulador se alinea un significado mucho más grande. Detrás de la “inauguritis” crónica que padecen no pocos gobernantes -y el Presidente Mario Abdo Benitez no es inmune a esta práctica- parece esconderse la urgencia desesperada de mostrarle al país una dedicación intensa materializada con preferencia en obras públicas. Rutas, puentes, asfaltados, empedrados, túneles y viaductos son las realizaciones preferidas porque fotografían muy bien, están a la vista y palpables in situ por cualquier ciudadano desconfiado de la propaganda oficial. No así las cloacas, los desagües pluviales y las plantas de tratamiento de aguas negras porque van bajo tierra y nadie puede comprobar su existencia.

Es un clásico, entre los asesores de marketing electoral, aconsejar a sus candidatos decidirse por rutas y obras similares. La otra opción no mide. “Si vas a enterrar inversiones, advierten, enterrás también tu campaña”. Hablamos, en especial, de candidatos a intendentes municipales que aspiren a ser reelectos. Vemos con frecuencia munícipes cortando cintas simbólicas de asfaltados pintaditos y lucientes, el mismo que después de alguna lluvia queda hecho pedazos, mientras la ciudad flota sobre napas freáticas de mierda estratificada durante siglos.

Por lo general, ningun Presidente paraguayo puede dar la palada inicial de una obra importante y cortar luego la cinta inaugural. El tiempo no alcanza para concretarla, al menos si es un emprendimiento llamado a cambiar la historia. El único que pudo darse ese lujo fue Stroessner, que en enero de 1975 vio estallar la primera carga de dinamita para construir el canal de desvío del rio Paraná en Itaipú, y en mayo de 1984 asistía al comienzo del rodaje comercial de la primera unidad generadora. Por supuesto, eran otros tiempos y en dictadura es posible cualquier cosa.

Lo que sí puede hacerse en democracia y con presidencias limitadas a un solo periodo, es encarar obras trascendentales que otros van a inaugurar. Pero obras hechas con un fuerte compromiso con la calidad, tanto en lo relativo a la obra en sí como en el servicio que está llamada a brindar.

Pero tal vez sea demasiado pedir, porque estaríamos hablando no de un simple presidente sino de un estadista.

Y esa es una palabra demasiado grande.

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