sábado, mayo 2

Crisis de representatividad

No queda ninguna duda respecto a las causales que determinaron la expulsión de Paraguayo Cubas de su banca de senador. Fueron mu­chos y de creciente gravedad los exabruptos a los que ya nos tenían acostumbrados con sus actitudes destempladas y ofensivas.

Ahora bien. Este caso nos interpela como ciuda­danos hacia la calidad de la representación po­pular, en franca decadencia desde hace tiempo. El hecho de que 50 o 60.000 ciudadanos confíen su voto a un diputado o un senador no es cual­quier cosa, un episodio que se pueda borrar de un plumazo sin consecuencia alguna. El voto en una elección es un acto fundamental, la expre­sión más rotunda del funcionamiento de una democracia. En él se funda la legitimidad de toda la estructura institucional en la cual con­fiamos para llevar adelante nuestra vida como República. Por lo tanto, antes de emitirlo bien vale una profunda reflexión sobre a quien se va a confiar la representación de nuestros intereses. Esa es la responsabilidad que cabe al ciudadano.

Por otro lado, es gravitante el rol de los par­tidos políticos a la hora de confeccionar sus listas de candidatos a cargos electivos. Desde Presidente de la República hasta concejal municipal, las candidaturas debieran estar sometidas a un rigor mínimo que garantice que los aspirantes cumplan con responsabili­dad el compromiso asumido tras ser electos.

La experiencia durante estos 30 años de democracia ha sido prolífica en sobresaltos. Intentos de golpe de Estado, dos juicios políticos a presidentes que no llegaron a su fase final y una ponderable cantidad de legisladores expulsados de sus bancas. ¿Qué nos ha esta­do pasando? ¿El sistema no funciona o no sabemos hacerlo funcionar? Recordemos que una democracia representativa no tiene un sustituto eficiente. A la democracia la sucede más democracia o el futuro es una dictadura. Y aunque muchos no quieran admitirlo, existen hoy y aquí agentes encubiertos cuya misión es roer los cimientos de la República para reemplazarla por alguna tiranía de las que ya tuvimos varias y dolorosas experiencias.

Existe, sin duda, una crisis en la calidad de la representación popular. Comencemos por reconocer que estamos enfermos y busquemos la cura. No hay otro camino.