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Editorial

Chancho de chiquero ajeno

La aplanadora como implemento para impartir castigo

En marzo pasado, hablábamos de la “máquina de absolver” que subyace en la estructura parlamentaria, en aquel caso, en la Cámara de Diputados. Nos referimos al episodio en el que la fiscala general sacó del aislamiento a un ciudadano llegado del exterior mandándolo a su casa en violación del protocolo de seguridad y exponiendo a terceros a un potencial contagio con el virus más letal de las últimas décadas.

En ese caso, siendo el sujeto lo que el filósofo liberal Yoyito Franco definiera como “chancho de nuestro chiquero”, la absolución llegó rápido y la fiscala siguió su derrotero. Esta vez se trató, según los principios de la escuela filosófica franquista, de un “chancho de chiquero ajeno”, por lo que la cámara se convirtió en una eficiente “máquina de castigar”, cayendo en la rodada un miembro parlamentario que perpetró la afrenta de afirmar que al menos
el 70 por ciento de los legisladores llegaron al cargo con dinero sucio.

La punición selectiva es propia de sociedades adolescentes que tienden, indefectiblemente, a ser tolerantes con los propios y severos con los ajenos. Esta conducta se perfecciona cuando se trata de cuerpos colegiados en los que se dispone de mayoría coyuntural, ventaja competitiva que en las cofradías parlamentarias se conoce como “aplanadora”, implemento que sirve tanto para absolver como para castigar.

Lo curioso es que, para justificar el castigo, diputados y senadores se llenan la boca con palabras altisonantes como código de ética, dignidad, decoro y otras por el estilo. Como muchos de los legisladores carecen de equipamiento intelectual para ejercer con eficacia el sarcasmo o la ironía –valiosa herramienta de debate- los reemplazan con el insulto burdo o la afrenta rabiosa.

No podemos esperar la creatividad de un Winston Churchill quien para tratar de charlatán a un adversario lo definió como alguien “capaz de encerrar un mínimum de ideas en un máximum de palabras”. El instrumento del legislador es la palabra la cual, indefectiblemente, debe hacer sinapsis con las dendritas neuronales si se espera llenarlas de contenido.

No es buena idea conectarlas con el esófago o el duodeno porque el resultado es imaginable, es decir, el que vemos con demasiada frecuencia en los recintos deliberantes.

Es cuando salen a relucir los chanchos de diferentes chiqueros.

Equipo Periodistico
Escrito por

Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, Lorena Barreto, Luz González, Jacqueline Torres, Patricia Galeano, Magalí Fleitas, Victor Ortiz, David Chamorro, Mary López, Juan Martínez, Fabrizio Meza, Lisandra Aguilar.

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