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jueves, enero 27, 2022
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Asunción

Cerca de la hecatombe
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Es muy interesante, y hasta cierto punto reveladora del humor social imperante, la carta abierta firmada por la economista Gloria Ayala Person y que acompaña una considerable cantidad de ciudadanos. Su contenido refleja los asuntos que preocupan al ciudadano común y que están bastante lejos de los síndromes estacionales que empiezan a agitar a las colonias de políticos en vísperas de elecciones.

La misiva, dirigida al Presidente de la República, el vice y a quienes lo siguen en la línea de sucesión, puntualiza que “…las torpezas y desaciertos de este gobierno parecieran ser las opciones de alternancia que se presentan”. Luego aborda lo esencial, la angustia de la población por la falta de vacunas contra el COVID19 al decir que “debe dejar de ser -la vacunación- una expresión de buenos deseos para concretarse en un plan con fechas y prioridades para alcanzar a toda la población”.

Luego de urgir mayor transparencia en el uso de los recursos fiscales, la nota propone crear una comisión de fiscalización y contraloría ciudadana multisectorial de seguimiento de los puntos propuestos en la nota, desde el recorte de gastos superfluos hasta la ejecución de un eficiente programa de vacunación.

Más allá del contenido voluntarista de la propuesta, la misma expone el fracaso del Estado en toda la línea. No sólo ha fallado en dar continuidad a una política sanitaria de emergencia sino que todos los organismos de auditoría y control no han servido absolutamente para nada, ya sea por lenidad, incapacidad, parálisis de gestión o, la madre de todas las causas, por corrupción. La Contraloría General de la República siempre llega tarde y a medias, las auditorías y sindicaturas duermen el sueño de los justos y las defensorías lo único que defienden es la intangibilidad de sus propias planillas salariales.

El resultado es el pandemónium sanitario con médicos sobrepasados, terapistas sin específicos y un clásico de los clásicos en la medicina pública: parientes de internados que deben comprar toda clase de insumos, desde los más baratos a los mas caros. A tal modo se desangra esta gente que el personal hospitalario organiza ollas populares para darles una comida diaria, al comprobar que ese pariente cercano prefiere pasar hambre antes que hacerle faltar una jeringa a su ser querido.

¿Hasta donde hay que ir para encontrar un panorama parecido, a Haití?

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