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Editorial

Al filo de la navaja

Desde que entramos en “cuarentena inteligente”

Empezamos a caminar por el filo de la navaja, es decir, por un sendero extremadamente angosto y peligroso. Hasta ahora veníamos con cifras relativamente razonables, si es posible describir de esa manera la cantidad de enfermos y fallecidos desde que se declaró la pandemia. Con el cierre a cal y canto del país, librando a cuentagotas la circulación de aquellas personas cuyos servicios fueron siempre imprescindibles, pareció que todo estaba bajo control mientras a nuestro alrededor, sobre todo en Brasil, el virus parecía por completo fuera de control. 

Pero el hastío y la necesidad extrema de hacer lo necesario para proveer la mesa familiar están cobrando su cuota. Ni bien entró en vigencia la “cuarentena inteligente”, las calles empezaron a llenarse de nuevo de autos, motos, camiones, carritos y gente caminando. Está en nuestra naturaleza tratar de retomar actividades normales, algo así como “aquí no ha pasado nada, sigamos adelante”. Los ingleses definen esta actitud con su expresión “business as usual” o “como de costumbre”.

Sin embargo, en algunos países se está hablando del “síndrome de la cabaña”, una especie de agorafobia o miedo a los espacios abiertos. Si bien por un lado hay una gran cantidad de gente deseosa de salir a “beberse los vientos” después de un confinamiento prolongado en espacios reducidos, otros prefieren no trasponer el umbral de su hogar por temor a lo que pueda esperarle al otro lado.

En muchos lugares, la “suelta” está recreando rápidamente hábitos y comportamientos prepandemia por razones obvias, esto es, urgencia por retornar a las rutinas que aseguren ingreso y estabilidad económica. Los noticieros de la televisión muestran ciudades que bullen de tránsito y negocios reabiertos operando dentro de las restricciones impuestas por los protocolos sanitarios. Quizá la postal más triste sea la de Ciudad del Este: calles vacías, negocios cerrados, una visión jamás vista allí a las 10 de la mañana. El puente cerrado, sin sacoleiros ni compristas entrando, la ciudad agoniza en su microcentro. Sólo la salvaría una “apertura inteligente” del turismo de compras, algo así como caminar por el filo de la navaja.

Que es lo que, en mayor o menor medida, estamos haciendo todos ahora.

Equipo Periodistico
Escrito por

Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, Lorena Barreto, Luz González, Jacqueline Torres, Patricia Galeano, Magalí Fleitas, Victor Ortiz, David Chamorro, Mary López, Jhojanni Fiorini, Juan Martínez, Felipe Dominguez, Fabrizio Meza.

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