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¿Trabajar para siempre?

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Una curiosa encuesta citada por la agencia Bloomberg recoge la preocupación de los millennials (personas nacidas entre los años 1980 y 2000) que al parecer temen “tener que trabajar para siempre”. Aunque el universo consultado es estadounidense, las conclusiones suenan bastante familiares: el temor a no completar un ahorro suficiente para sostener su etapa de retiro. ¿Tendré que trabajar para siempre? es una de las conclusiones dejadas por la encuesta.

Suena desesperanzador eso de “traba­jar para siempre”. Pero en realidad, eso es lo que todo el mundo hace.

Hay una etapa en la vida en la que las personas imaginan los “años dorados” en los que se deja de trabajar para dedicarse al descanso, al relax y al entretenimiento, la glorificada jubilación. Pero se trata de un engaño. Está en la naturaleza del hombre hacer algo útil con su tiempo. Los propios norteamericanos han inventado actividades propias para jubilados que, disfrutando todavía de vitalidad física y capacidad intelectual, emplean su tiempo y su expe­riencia para ayudar a otros, especialmente emprendedores jóvenes. Algunos lo hacen por puro altruismo. Pero otros han encontra­do en estas asesorías una fuente de ingresos extra que completa sus haberes jubilatorios que, en EE.UU., no suelen ser tan generosos.

Ya se sabe que la inactividad física tiene consecuencias devastadoras en el organismo. El sedentarismo abre camino, casi siempre, a enfermedades cardiocirculatorias, trastornos de la glucemia y agravamiento de males crónicos como el reumatismo y la artritis. Pero tan o más destructiva para la salud es la inactividad mental, el cerebro en pausa per­manente, sin nada que hacer. Sus consecuen­cias son graves: apatía, trastornos afectivos y tristeza. Se completa el cuadro con la horrible sensación de no servir ya para nada, no ser necesario ni requerido. La medicina actual ya ha advertido sobre este síndrome cuyo tra­tamiento es la actividad, el trabajo, el seguir “encajando” en algo productivo y necesario.

Así que los millennials deben estar tranquilos y achicar el pánico. ¿Trabajar para siempre? Más vale. Y en esto, hay que escuchar lo que el propio cuerpo nos dice. Lo contrario sería ir camino directo a la consulta siquiátrica, al tratamiento sicosomático, para no hablar de otras consecuencias aún más estremecedoras.

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