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Revista de Harvard se hace eco de cómo vivió Paraguay el confinamiento

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Harvard Review of Latin America publicó una reseña de «El jardín pandémico», un audiolibro elaborado por el Dr. Benjamín Fernández Bogado. El material publicado fue redactado por Héctor Claudio Farina Ojeda, quien es profesor investigador titular en el Centro Universitario de la Ciénega de la Universidad de Guadalajara, México.

A continuación se lee el material publicado por la prestigiosa revista internacional: 

Imagínense la tranquilidad del jardín. Con aromas de flores entremezclados con el zumbido de abejas y el contraste de la sombra de los árboles frente al sol de fuego del Paraguay. Desde la intimidad de un jardín familiar en el que el ritual cotidiano lleva a regar las plantas, recoger las hojas secas, hacer algunos arreglos y sobre todo respirar la pureza y la tranquilidad de un rincón del hogar, no sólo surgieron grandes cuestionamientos sino que la mirada apuntó a lo global, a los grandes conflictos sin resolver, a las dudas que debemos responder. Y todo esto fue acelerado por la pandemia de Covid-19 que obligó a gran parte de la población mundial a encerrarse para protegerse, junto con temores, incertidumbre y un cúmulo de sensaciones.

Pero en contraposición a la amenaza mundial de una pandemia y al confinamiento, el monólogo interior de Benjamín Fernández Bogado, periodista y profesor universitario paraguayo, se hace materia en una serie de textos provocadores, cuestionadores e inteligentes que nos confrontan con una realidad compleja. Desde la calma de un hogar lleno de plantas, Fernández aprovechó el encierro para dar a luz a este libro que reúne una colección de ensayos sobre la pandemia, la desigualdad, la pobreza, la ciencia, la educación, los miedos, incertidumbres y retos que enfrentamos a todos los seres humanos, desde las pequeñas batallas locales hasta los grandes desafíos globales.

Cuando uno lee el libro, que consta de 170 páginas en su versión para Kindle, es fácil imaginarse a Fernández caminando entre plantas nativas y foráneas, como si con su andar fuera dibujando las formas de un mundo contradictorio, que se debate entre lo local y lo global, entre la idea lejana de un virus surgido en Wuhan, China, y el miedo cercano que se extendió a todo el mundo. Es una lectura amena y provocadora, con ideas que nos ayudan a entender cómo fue que llegamos a vivir encerrados, en medio de una crisis sanitaria, una crisis económica y una duda generalizada sobre cómo se enfrenta una pandemia mundial desde nuestro pequeño espacio.

A lo largo de los 12 capítulos del libro, el diálogo con las plantas es muy fértil. Se puede percibir una extraña combinación de reflexión serena y dura, con la urgencia de los tiempos acelerados pero también con la capacidad de poner lo importante en el lugar que corresponde. Y uno de los grandes retos que nos presenta el autor es el de reinventar lo local frente a lo global: ¿cómo cambiar nuestro pequeño entorno en tiempos de grandes cambios? Así como la pandemia nos devolvió a lo sencillo, a lo cotidiano en el hogar, a vivir con lo que se tiene a mano, Fernández plantea una reflexión acerca de lo que necesitamos necesitamos los seres humanos y de lo que debe convertirse en esencial para pasar de una vida regida por el consumismo a una en donde el humanismo sea lo importante.

Como el mundo no puede seguir al ritmo del consumismo y debe al mismo tiempo encontrar la forma de cuidar el medio ambiente, una de las provocaciones del libro apunta a si llegó el tiempo de volver al ámbito rural luego de un prolongado tiempo de migración hacia lo urbano. En vistas de que la pandemia tuvo su mayor impacto en grandes ciudades en donde la aglomeración de personas es la constante, ¿no sería mejor volver a la vida sencilla, a lo rural? ¿No deberíamos mejor calidad de vida en una ciudad pequeña, alejada de los centros urbanos, que cuente con los servicios esenciales? La vuelta a lo rural es una de las ventanas abiertas durante la pandemia, una ventana que Benjamín ve con claridad mientras observa la convivencia entre sus grandes árboles y sus pequeños arbustos, cada uno buscando su espacio.

El recorrido entre las plantas está lleno de metáforas y simbolismos. En ese jardín hogareño en donde Fernández piensa en la pandemia, se observa la lucha de poder entre nativos árboles frondosos y plantas exóticas, la búsqueda de equilibrio y armonía, así como esa misteriosa tendencia de la naturaleza a regular a sí misma. Como si desde ese pequeño jardín se pudiera ver con lentes globales todos los mensajes encerrados dentro de la pandemia: la urgencia de encontrar una manera más armónica de convivir con la naturaleza, las enormes desigualdades que quedaron al descubierto, la absurda política divorciada de la gente pero casada con la corrupción, la urgencia del humanismo y, sobre todo, la necesidad de revalorar los saberes y de construir una nueva normalidad.

En el libro se conjugan dos sensaciones a las que el lector debe acostumbrarse: las sacudidas, con ideas contundentes o planteamientos explosivos para provocar una reacción en busca de respuestas, por un lado; y la calma, la respiración pausada para comprender, digerir y avanzar, por el otro. El estilo de escritura parece hogar tomado del momento simbólico en el que se incubó el libro: lo intempestivo, furibundo y abrumador de la pandemia a nivel global frente a la tranquilidad, el ritual y el respiro confiado dentro de los límites del. Es por eso que aunque hay muchas ideas y muchos aspectos controvertidos, se puede leer con la misma calma de quien debe tomarse su tiempo para podar sus plantas.

A Fernández le gusta mostrarnos las contradicciones del mundo, como una forma de cuestionarnos sobre lo que estamos haciendo. En uno de los capítulos del libro habla sobre “la ciencia confinada” y pone varios factores en entredicho: la soberbia de la ciencia que antes de la pandemia parecía invencible pero luego se mostró vulnerable y ajena; la naturaleza cada vez más dañada, con un medio ambiente deteriorado; el desarrollo impulsado por un mundo consumista que, paradójicamente, está acabando con el mundo. Todo está relacionado y todo nos lleva a pensar en que la naturaleza debe recuperar un lugar preponderante. La pregunta de fondo es cómo reordenamos la relación entre ciencia, naturaleza, economía y vida.

Como se trata de un pensador que ha escrito mucho sobre la educación, este tema está presente a lo largo del libro, sobre todo cuando se hace un llamado a revalorar los saberes ya darle mayor importancia a la matriz cultural del conocimiento: lo que como pueblo sabemos hacer, lo que aprendimos y que no debemos olvidar si queremos cambiar. Cuando una pandemia amenaza a los adultos mayores no sólo se trata de un sector vulnerable en su salud, sino que toda la sociedad se vuelve vulnerable porque puede perder a sus referentes, a los que tienen el conocimiento acumulado y pueden guiarnos en estos momentos de incertidumbre . Detrás de cada una de las provocaciones en el libro hay preguntas tácitas sobre qué es lo que debemos aprender y pasar son los saberes que facilitan un cambio favorable en nuestra forma de vida, en la política, la economía,

Si con libros como A sacudirse. Claves para la construcción de una nueva república (2006), La patria urgente (2011) y No da más (2017), Fernández llamó la atención por la claridad de sus ideas y por la búsqueda de soluciones, en este texto pandémico nos regala además un espacio de calma y una mirada hacia nosotros mismos.

El libro de Fernández nos devuelve a una tradición aristotélica de pensar walking, aunque en este caso es pensar desde el jardín, desde esa intimidad que permite que la mirada llegue hasta los confines del planeta para hurgar en lo que nos pasa, lo que nos conflictúa y lo que nos corresponde hacer. Desde la honestidad de ese yo profundo que confiesa sus ideas en un rincón del hogar, las palabras salen a enfrentar un entorno abruptamente modificado por una pandemia. Y lo hacen con entereza y originalidad para dar cuenta de realidades, miedos, dudas, angustias y muchas sensaciones que se aceleraron con la llegada de la pandemia.

El jardín pandémico es un libro provocador, lleno de retos, y que tiene una cualidad necesaria: nos ubica con precisión en un tiempo de incertidumbre. Está escrito en el tiempo presente, nos ayuda a comprender el pasado y nos da pistas sobre cómo construir un escenario diferente al que conocemos, con miras al futuro. Y algo que el lector valorará sin dudas es la posibilidad de sentir la paz de un jardín personal lleno de flores y frutas, al mismo tiempo que se enfrenta con problemas añejos y de difícil solución. Este libro es un respiro necesario, una conversación con nosotros mismos, un monólogo desde lo local que apunta a lo global, un tiempo que uno debe tomarse para sí mismo en la certeza de que sólo así podrá mejorar el tiempo para los demás.

 

https://websites.harvard.edu/revista/el-jardin-pandemico/?fbclid=IwAR1clphipY8lJIrLGP4hbYzgHZyUNeGtcyahFESSM4LMHmJMER_Ubnj7kBI