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EL CANDIDATO
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La historia del Dr. House paraguayo

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Siempre anda de un lado a otro con una barba larga y teñida de blanco, de
carácter humilde y voz baja, pero cuando habla no hay quien se resista a
escucharlo. Gran parte de su tiempo se la pasa en su pequeño escritorio
repleto de libros, como si fuera la guarida de un ermitaño.

Así lo describen quienes han tenido la grata oportunidad de conocer de cerca al
doctor Miguel Irrazabal. Su figura no se destaca en internet, ya que prefiere
mantenerse lejos de los medios, pero su talento llega a todos con cada una de
sus acciones cargadas de humanidad.

El agradecimiento de sus pacientes y colegas no se hace esperar, por lo que El
Independiente se hizo eco.

“Hace un año, el Dr. Irrazabal salvó a mi mamá. Le llamamos en nuestra
desesperación y esa misma noche pasó a verla. Tomó su caso difícil y no
descansó hasta sacarla de la fase crítica. Gracias a él, la tenemos hoy vivita y
coleando”, fue el comentario de Allison Bernal, una usuaria de twitter que lo
caracterizó como una eminencia de la medicina paraguaya.

El posteo generó una serie de comentarios que mostraron el sentir de los que
han recibido su ayuda en algún momento. Solo unos pocos: “Que Dios le dé
salud para poder seguir ayudando a tanta gente”. “En el año 2010 tuve dengue
hemorrágico, iba todas las madrugadas a controlarme a la terapia intensiva
donde estaba. Una vez desperté y lo vi con su barba blanca y le dije hola San
Pedro. Se cagó de risa. Un capo”

“Hace 8 años el Dr Irrazabal me diagnosticó una rara enfermedad, luego de
mucho buscar una respuesta, es un genio y un iluminado de la medicina
paraguaya, humilde, generoso, un verdadero ser humano”.

“Sí existen los héroes sin capa, con barba y camisa celeste”. “Es un tipo que no
sabes cuándo duerme, hace sus recorridos por los hospitales hasta la
madrugada, atiende en su consultorio hasta las 23:00 horas, una eminencia”.

HUMANIDAD Y TALENTO
La senadora y médica Desirée Masi confesó que entre los colegas le dicen el
Dr. House paraguayo. Es una persona que lee muchísimo, escucha y deja
hablar a los pacientes, se toma todo el tiempo para examinar, como enseñaban
los viejos maestros de la medicina.

“Es un ser humano con mucha empatía. En minutos logra hacer un diagnóstico
acertado que luego se corrobora con estudios”, relató.
A decir de la senadora, la parte tecnológica jamás va a reemplazar al diálogo
con los pacientes y eso hace que sea tan humano el Dr. Irrazabal. “Es una
persona que en su consultorio privado tiene miles de libros. Cuando pasas

cerca, ves gente sentada 3 o 4 cuadras antes, amanecen ahí para ser
atendidos por el doctor. Al salir hay un florero y dejas la plata que quieras, un
G. 5.000 o G. 10 mil, lo que puedas pagar, o si no podés, no pagas. Ese es
Irrazabal”.
Masi recordó la época en que ella era interna en el Instituto de Medicina
Tropical y casi llegaba la primera epidemia de dengue al Paraguay, por eso no
se conocía mucho la enfermedad. Estaba volando en fiebre y los jefes le
dijeron que era una meningitis.
“Tenía mucho dolor de cabeza y del cuerpo. Ya me estaban preparando una
punción lumbar cuando él llegó, en uno de sus recorridos a las 2:00 horas o las
03:00 horas, preguntó a los jefes de guardia ¿qué están haciendo?, me hizo
unas cuantas preguntas y dijo ¡Eso es dengue! Todos se preguntaron qué era
el dengue, a lo que respondió que estábamos próximos a una epidemia muy
grande de esa enfermedad”.

DE BAJO PERFIL
El doctor se mantiene lejos de la fama y el reconocimiento en los medios de
comunicación. A decir de la médica y senadora, para que usara su celular fue
“mucha pelea”.

“Quienes le ven con su barba larga piensan que es hasta argel, pero es una
persona muy tímida, habla bajito todo el tiempo, pero todos le atienden.
Cuando hacíamos recorridas se escuchaba primero a los jefes, los profesores,
doctores, y luego, en el fondo, sonaba una vocecita, y era él”.
Tampoco duda de consultar con otro colega cuando no sabe de algún tema, no
se “adueña de los pacientes”.

Masi solo espera que el Dr. tenga mucho tiempo de vida y que quienes
necesitan de su sabiduría todavía puedan disfrutar de su compañía.
“Le queremos y le admiramos de una manera que él no se puede imaginar”.
Las fotos le fueron tomadas al doctor por usuarios de twitter de forma
desprevenida