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El jardín pandémico: Una obra inquietante

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Alcibiades González Delvalle

Es frecuente leer y escuchar comentarios corrosivos acerca de las personas –profesionales de las letras o no- que critican algunos hechos claramente irregulares que golpean al país. A estos acusadores se los suelen tildar de “enemigos del gobierno”, “enemigos de la patria”, etc. Son los eternos conformistas que dañan a sus compatriotas queriéndolos tener encerrados en la ficción, en el famoso “país divino”. El conformismo paraliza, nada deja avanzar, mata la propia iniciativa y la ajena.

Lo contrario de la crítica es el aplauso sin sentido, peor aún, el aplauso interesado, la búsqueda del acomodo.

Nuestro país cuenta con muchos “enemigos de la patria”, con esos que desean acabar con las estructuras mafiosas diseminadas en todos los órdenes. Algunos nombres sobresalen en esta tarea a lo largo de nuestra historia: Alón, Blas Garay, Rafael Barrett, Teodosio González, entre muchos otros que se han alzado sobre la mediocridad de su tiempo con el sueño de construir, o reconstruir, un país más habitable. Todos ellos tuvieron su “recompensa”. La de siempre: la difamación, la calumnia, la certificación de “malos paraguayos”.

A los ilustres nombres mencionados, necesariamente tenemos que agregar el de Benjamín Fernández Bogado quien nos obsequia con un nuevo libro: “El jardín pandémico”.
A partir de una metáfora –los árboles que crecen en su amplio terreno- encuentra en algunos de ellos el significado de la realidad social paraguaya e internacional.

Como en sus anteriores libros y artículos periodísticos, Benjamín nos conduce con mano segura por el laberinto de la actualidad. Periodista sagaz, con una larga costumbre de beber en la fuente de la realidad social, nos dibuja un paisaje en apariencia desolador. Su intención es mostrarnos cuáles son los males de los que tenemos que huir para encontrar el camino de la corrección, de la redención, del que va a salvarnos de esta manera de vivir resignada. “¡A sacudirse!” vuelve a decirnos con su potente voz.

Este “Jardín pandémico” busca con sus reflexiones que alguna vez el Paraguay sea un jardín real, no el “jardín desolado” que atormentó a Barrett. Ni a Tedosio González: “No hay cosa que más subleve que la injusticia. No hay atentado más hiriente y más irritante que el cometido a nombre de la justicia”.

El acierto de un pensador como Benjamín reside en que sus preocupaciones actuales serán las del futuro porque sus palabras caen en el vacío. No hay instituciones o autoridades que las recojan, no escuchan, no quieren escuchar, no quieren verse en el espejo que se les pone delante. Si reaccionan, es para insultar sin caer en la cuenta de que se están insultando a sí mismos porque desnudan su incapacidad para leer los acontecimientos que les rodean.

“Queremos aparentar que todo está bien cuando en realidad es completamente lo opuesto. Nos lavamos la mano aunque la suciedad basal sigue incólume.”
Eso de lavarse la mano es un hecho cotidiano de quienes la tienen sucia. Pero sus actos no se limpian, quedan allí como una acusación permanente. Solo para referirnos a los últimos acontecimientos, recordemos al exministro de Salud Pública, doctor Mazzoleni. Cuando el coronavirus –del que Benjamín se acuerda- era todavía manejable, Mazzoleni recibió el aplauso generalizado de la población. Se le llamó “capitán”.

Conducir el barco por aguas tranquilas es fácil, el problema es cuando aparecen las bravías. Aquí el “capitán” perdió la brújula y el puño para enfrentar la tormenta. Apareció su imprevisión que buscó justificarla lavándose la mano. Pero el gesto le fue insuficiente. Le ahogó el covid.

El “Jardín pandémico” que nos ofrece hoy Benjamín Fernández Bogado nos invita, nos obliga, a reflexionar sobre los acontecimientos del día –con raíces en el pasado reciente- para que a partir de ahí nos comprometamos con el país.