viernes, marzo 5, 2021
23 C
Asunción

De nuevo el cambalache
D

/

/

Según la Academia, interpelar significa “plantear al Gobierno o a la mesa una discusión amplia ajena a los proyectos de ley y a las proposiciones” cuando el acto es llevado a cabo por diputados o senadores. En la casuística interpelatoria del Congreso, las experiencias han sido, casi sin excepción, lamentables y reveladoras del cambalache en que se convierte este recurso constitucional por obra y gracia de los ocupantes de turno del Poder Legislativo.

La única parte más o menos ordenada se da al comienzo, cuando se lee al interpelado las preguntas que le han sido remitidas y se escuchan las consiguientes respuestas. La calidad de este tramo depende de la pertinencia del tema planteado y de los argumentos expuestos a continuación por el funcionario requerido.

El corso viene después, durante el interrogatorio adicional. Ahí la cámara se convierte en tribunal, cada legislador en juez y más que preguntas, se emiten sentencias, previos discursos farragosos y cantinflescos. La interpelación de los diputados al jefe del gabinete civil tuvo todos los aditamentos del esperpento, un cuasi género literario en el que la realidad se vuelve deforme y grotesca. Más que generar en el interpelado una respuesta pertinente al tema, a los diputados les bastó con escucharse a sí mismos. Como cada uno asistió al sainete provisto de su borradorcito de discurso, les importó un carajo que el convocado ya hubiera respondido sobre el tema. Se escucharon arengas y toda clase de proto argumentos que nada tenían que ver sobre la materia de la sesión. Hubo hasta alusiones personales que el jefe de gabinete civil -que no es precisamente un quedado para devolver gentilezas- respondió puntualmente con venenosos contra argumentos.

En suma, una suerte de refriega de cantina con palabras en lugar de sillazos.

Eso fue todo. Otra oportunidad perdida para desentrañar la verdad en una historia que ya lleva años sin ser aclarada. Porque de la exposición inicial del jefe de gabinete civil no quedó claro si aún se le debe plata a los venezolanos por el gasoil que nos mandaron, quién se fumó los 275 millones de dólares y “detallecitos” por el estilo.

Pero eso a los diputados los tiene sin cuidado. Hicieron su reality-show y se fueron a su casa.

¿Y la verdad?

¡Ah, la verdad!… Que la busquen otros. Es obvio que ellos no están para eso.

Seguí leyendo