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De cuando los discos se tocaban

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Por Cristian Nielsen.

No voy a ocultar mi edad. Así que déjenme contarles cómo eran los artefactos con los que, hacia los días de mi niñez y adolescencia, escuchábamos música.

Llegué a ver uno de esos sorprendentes aparatos que funcionaban a cuerda. Los discos eran del tamaño de un larga duración “moderno” pero que contenían un solo tema musical. El surco era tan grueso que se podía contar la cantidad de vueltas y el conjunto, plato y disco, corrían a toda velocidad. El brazo estaba dotado de una púa de metal que el rozamiento constante obligaba a cambiar constantemente. Con el tiempo y el uso, empezaba a escucharse el típico ruido a fritura que terminaba por arruinar el valioso disco, eso, si no se caía en un descuido y se partía en mil pedazos, ya que se los fabricaba de ebonita y también de goma laca, quebradizos como vidrio.

VINILO Y MICROSURCO

Esto cambió radicalmente cuando se inventó primero un material llamado cloruro de polivinilo que el lenguaje popular terminó por acortar simplemente a vinilo. Allí se terminaron los problemas de resistencia y duración. Con el vinilo llegó el microsurco, ya que el material aguantaba una mayor compresión de señal, de manera que del disco simple (single) se pasó muy pronto al larga duración (long play) con capacidad para guardar hasta 30 minutos de grabación por cara.

Los artistas hicieron suya de inmediato esta nueva nomenclatura y se empezó a hablar del “próximo elepé de fulano de tal”. Se comenzaba con un modesto simple, uno o dos temas por lado y si el artista “la pegaba”, su sello grabador muy pronto iría adelante con el elepé.

Los discos eran un bien escaso y muy preciado. En aquellos días no había grabadoras de sonido al alcance de cualquiera así que “piratear” un tema musical de la radio era algo inconcebible. Eso le permitía al locutor jugar con la incógnita de una canción recién estrenada de la cual él podría ser el poseedor de la única copia del tema antes de que saliera a la venta en las disquerías. Es imaginable la relación que se iniciaba entre el agente artístico, el dueño de la radio y el autor del éxito musical. Algunos lograron hacer fortuna en ese jueguito.

EL COMBINADO

El avance de las técnicas de grabación y reproducción, así como el perfeccionamiento de la radiodifusión hizo que los fabricantes de dispositivos aguzaran su ingenio. Así aparecieron los primeros “combinados”, nombre surgido del hecho de que dentro de un mueble grande como un aparador se incluyera un tocadiscos y una radio, que compartían el mismo amplificador de sonido el cual se distribuía en grandes parlantes laterales.

El tocadiscos venía con un complemento muy novedoso, el cambiadiscos. Consistía en una especie de espiga metálica articulada que se instalaba en el eje del plato. El adminículo permitía almacenar hasta diez elepés que iban cayendo uno sobre otro cuando cada disco llegaba a su fin. Semejante tecnología sería superada recién con los viajes a la Luna y el acople y desacople de naves espaciales.

En el compartimiento contiguo al tocadiscos iba la radio dotada de dos grandes botones giratorios, uno para el volumen y otro para el cambio de frecuencia. Entre ambas y al pie de una pantalla de cristal -tremenda novedad- se alineaba una fila de teclas que permitían explorar los distintos anchos de banda.

Unos pocos preferían la onda corta o SW (short wave) para estaciones de larga distancia y que solo podían captarse desde la puesta del sol hasta el amanecer. En una época en que hablar inglés era privilegio de unos pocos, la única razón por la que se sintonizaban esas frecuencias era pescar alguna estación musical o que se hablara en castellano. Y ahí la cosa se ponía fea porque las señales más potentes y claras eran las de Radio Habana-Cuba y Radio Moscú a las que muy pronto intentó combatir la Voz de América (Voice of America) desde Washington. En una época en que las paredes oían, ¿para qué meterse en problemas?

Por eso la frecuencia de uso cotidiano era la onda media, indicada en el combinado como MW (mid wave) que con el tiempo pasaría a conocerse como AM o amplitud modulada.

La frecuencia modulada (FM) sería una curiosidad que tardaría en estar al alcance de cualquiera ya que requeriría receptores que aún no existían o estaban en etapa experimental.

LOS PORTABLES

Aquellos desmesurados artefactos, que para muchos eran el mueble principal de la casa, muy pronto empezaron a ser arrinconados en el fondo cuando aparecieron los primeros tocadiscos portables que permitían hacer ambiente en cualquier parte. El tiro de gracia lo propinaron las radios a transistores, pequeñas que cabían en una mano, según gustaban ilustrar los fabricantes.

Pero aún estábamos en la era analógica y la miniaturización tardaría en popularizarse.

Mientras tanto, seguíamos tocando los discos como en la era en que Edison inventara el gramófono con el cual iniciaría una era de revoluciones que aún sigue y que tiene mucho universo de sonidos que descubrir.

22-10-2021

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