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Los “años dorados” de la aviación comercial

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Cristian Nielsen

Hasta el 11 de setiembre de 2001 -van a hacer 20 años-, viajar en avión era no sólo una aventura aérea sino también una experiencia gastronómica. El servicio de a bordo era una atracción calculada para reducir el estrés del viajero primerizo o poco frecuente y hacerle confortables largos trayectos durante los cuales, de otra manera, podría ir acumulando tensiones potencialmente peligrosas.

Los aviones fueron, casi desde el arranque de la aeronavegación comercial, una combinación de hotel y restaurante. Los pioneros de esta forma de viajar supieron siempre cómo entretener a su pasaje con diferentes maneras de pasar el tiempo. A los fumadores se les permitió desde un comienzo practicar su habito casi sin limitaciones, aunque luego se lo limitó a cigarrillos, prohibiendo puros y pipas, “charuto e cachimbo” dirían los brasileños). Se empezaron a ofrecer distintos tipos de bebidas, comidas calientes, postres, café y toda una variedad de bebidas no alcohólicas.

Una larga historia.  

LA ERA DORADA – Tras finalizar la I Guerra Mundial, el inglés pionero de la aviación de guerra Frederick Handley Page creó la compañía Handley Page Transport. Transformó sus bombarderos O/400 en aviones de pasajeros y en 1919 estableció un vuelo comercial entre Londres y París que incluía comida a bordo, una bandeja con fiambre surtido. Fue el primero en hacerlo.

Durante mucho tiempo subsistió esta forma práctica de alimentar al viajero hasta que en 1936 la norteamericana United Airlines decidió instalar una cocina a bordo de sus aviones para servir comida caliente.

De ahí en más todo fue evolucionando al punto de que en los años ’50, la aviación comercial llegó a lo que hoy se conoce como “la era dorada”.  Habían entrado en servicio las ultimas aeronaves de propulsión a hélice, entre ellas el DC6 de Douglas, el Electra y el Superconstellation de Lockheed, los Sandrigan de la Short Aviation, todos ofreciendo suficiente espacio para un buen desempeño de su personal de a bordo.

Los ’50 y comienzo de los ’60 fueron una época excepcional. Todavía viajar era casi una exclusividad de élites y, por lo tanto, bastante cara. A cambio, se servía la comida en platos de porcelana, el vino en copas de cristal, el café en tazas de cerámica china mientras los cubiertos eran de acero o plata y la mantelería y servilletas en telas exquisitas. Se ofrecía una carta antes de servir la cena y el carrito pasaba varias veces con whisky, vino, licores finos, agua mineral. El café era recién molido y la leche o crema se servía en jarras de porcelana.

ÚLTIMOS FULGORES – Esta era de glamour y de distinción duró hasta finales de los años ’60. Le correspondió a Air France y British Airways llevar este estilo de volar a cumbres nunca antes soñadas. En 1969 ambas aerolíneas de bandera ponen en servicio el Concorde, primer vuelo supersónico que enlazaba París o Londres con Nueva York en apenas tres horas y cuarto. Sin embargo, pese a lo corto del viaje -frente a las 8 horas y media tradicionales- había tiempo para darse la gran vida a bordo: champán, caviar, trufas negras, foie gras, langosta, vinos de colección, licores exóticos. Las grandes aerolíneas como Lufthansa, KLM, Scandinavian, Alitalia, Iberia, Sabena, etc. contratan los mejores chefs para idear platos especiales y a modistos que visten de lo mejor a sus azafatas. 

Pero entrados los ’70, todo ese mundo empezó a desvanecerse en el pasado, dando paso a otro estilo de volar.

MEJOR SI ES BARATO – Estados Unidos fue desde el arranque el gran regulador de la aviación comercial. Su legislación siempre ha sido base para otras legislaciones nacionales e internacionales. Fue en 1978 que el entonces Presidente Jimmy Carter eliminó los controles gubernamentales y abrió la industria de la aviación a la competencia y a nuevas líneas aéreas. Nacieron así las empresas y los vuelos “low cost” y la aviación en general entró a una carrera de quien ofrecía los servicios más baratos.

Esta reducción de tarifas podía hacerse a costa de cualquier cosa menos de la seguridad. Así que las empresas comenzaron a ahorrar en artículos de a bordo: comidas estandarizadas, más gaseosas, vajilla menos lujosa, etc.

Hasta que llegaron los atentados.

TORRES GEMELAS Y PANDEMIA – El tiro de gracia a la aviación de los “años dorados” terminó de darse el 11 de setiembre de 2001. Tras el atentado a las torres gemelas, los aviones fueron, citando al autor español Alejandro Casona, “antes que una forma de viajar, una forma de llegar”. Se acabaron la vajilla metálica, los platos de porcelana y las copas de cristal. Todo fue plástico, papel, cartón y acrílico. La comida perdió atractivo y la estancia a bordo se volvió una larga y tediosa espera a que el viaje termine.

Pero el golpe final lo proporcionó la pandemia. Tras un silencio de muerte de varias semanas en los cielos del mundo, los viajes en avión se convirtieron en una sombra de lo que fueron. Bolsitas de polietileno con algún sándwich, masita o torta, latas de gaseosas, botellitas de agua, toda una tristeza. 

Los “años dorados” se esfumaron para acaso jamás volver.