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domingo, agosto 7, 2022
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PCC: UNA AMENAZA GLOBAL

Las siglas PCC son del Primer Comando Capital y forman una organización criminal en Brasil donde tiene su sede en gran parte en el Estado de São Paulo y está activa en al menos 22 de los 27 estados del ese país, así como en Perú, Venezuela, Ecuador, Paraguay , Bolivia, y Estados Unidos. Un medio europeo apunta que es una antigua pandilla carcelaria brasileña que amenaza con convertir a su vecino (Paraguay) en un narcoestado y sus tentáculos mortales se extienden mucho más allá.

El PCC es una organización con una membresía de casi 20.000 miembros, 6.000 de los cuales están en prisión. El narcotráfico cómo hemos visto es una organización criminal que extiende sus tentáculos hacia latitudes y grupos humanos en diferentes sitios del mundo.
El cartel de la droga transnacional fundado por Marcola se aposentó en el país, donde incluso desde las cárceles protagoniza hechos delictuosos dentro y fuera de ellas. Está a punto de tener al Paraguay en sus garras, esto se da en un momento en el que el ser global con sus características que exigen ser empáticos, solidarios y con un espíritu de conocernos e integrarnos se conforma en todo lo opuesto y peor.

El embajador de la UE dijo que si Paraguay no hace algo rápido y drástico corre el riesgo de convertirse en un narco-estado. El diario La Nación de Buenos Aires presentó esta semana un reportaje extenso sobre el poder de este grupo en Pedro Juan Caballero de lejos la ciudad más violenta de América donde esta organización con nombre y fama de criminales con una extensa lista de hechos delincuenciales ha sentado sus reales. El PCC es una amenaza regional e incluso global con tentáculos con la mafia italiano incluso.

Nada los frena. Son capaces de matar a quien se ponga enfrente y en cualquier lugar del mundo cómo el caso del fiscal Pecci asesinado en Cartagena (Colombia) por mandato dicen del PCC que pagó medio millón de dólares a los criminales por dicha acción.
O se detiene su avance o viviremos en zozobra y medio por mucho tiempo. Los brasileños lo saben y padecen

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