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EL CANDIDATO
jueves, junio 24, 2021
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Historias paralelas

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Por Cristian Nielsen

Para qué voy a andar con vueltas. Los pavotes púberes como yo -tenía 13 años- andábamos pescando un lugar para ver en el cine Victoria la historia de Sissi, la provincianita bávara destinada a casarse con el majestuoso emperador de Austria. Así decía el afiche de la película que mostraba, además, la deslumbrante imagen de Rommy Schneider, en agfacolor y techniscope.

La habían estrenado en 1961, que para haber sido filmada en 1955, era un buen hándicap como novedad cinematográfica en Asunción.

No voy a contar la película por razones obvias. Era un catálogo de romances almibarados con un ambiente de serenidad y complacencia por lo visto muy necesario para una Alemania que hacía poco había salido del infierno de la II Guerra Mundial.

Lo cierto es que ni la vida de Sissi ni de Rommy Schneider tuvieron nada de almíbar y sí mucho de tragedia griega, o shakespeariana, como se prefiera.

BODA MÁGICA  

El 4 de abril de 1854, Isabel Amelia Eugenia duquesa en Baviera se casó con su primo carnal Francisco José de Austria, una boda que en la película fue presentada con ribetes de cuento de hadas. La verdad era otra, independientemente de las delicias de alcoba a que pudieran entregarse ambas majestades.

Francisco navegaba en medio del caos resultante de la absorción de Hungría por parte de Austria, para formar el imperio austro-húngaro. Los magiares, más turcos y escitas que centroeuropeos, se rebelaron contra Francisco José y declararon la República. El Emperador no tuvo más remedio que aliarse con otro primo, Nicolás I de Rusia -pariente por el lado de la casa Wurtenberg- para aplastar la rebelión de los compatriotas de Franz Liszt. Fue una masacre en toda regla, con represiones y cárceles desbordadas de prisioneros políticos, para horror de la vaporosa Sissi que comenzaba su largo contacto con la tragedia, que no habría de separarse de ella hasta su muerte.

LARGO CALVARIO

Su primer golpe lo sufrió Sissi durante una visita a Hungría acompañada de sus hijas Sofía y Gisela, que ni bien llegaron contrajeron una fiebre de la que sólo sobreviviría Gisela. La muerte de Sofía desestabilizó por completo a la emperatriz que no volvería a ser la misma. La princesita nunca pudo ocultar su simpatía por la causa húngara, lo que le valió la enemistad de la casa real de Viena, en especial de su hierática suegra.

Sissi hablaba varios idiomas, practicaba la equitación con soltura y rechazaba la naciente fotografía prefiriendo los oleos del pintor de la corte. Leía a Shakespeare, a Heine y a Hegel y polemizaba con el intelectual más pintado de la época.

ENTONCES, MAYERLING

Sissi recibió un golpe casi mortal cuando su único hijo, Rodolfo, apareció muerto junto a su amante la baronesa María Vetsera en el pabellón de caza de Mayerling, en las cercanías de Viena. Se difundió la idea de un suicidio shakespeariano al estilo Romeo y Julieta, pero al mismo tiempo se insinuaba que ambos habían sido asesinados por el servicio secreto austrohúngaro, dadas las ideas liberales y anti absolutistas profesadas por Rodolfo.

La tragedia de Mayerling dio vuelo a un sinnúmero de historias, poemas, canciones y leyendas diversas. Sissi entró en la etapa más negra, literalmente hablando, de su vida. Vistió luto permanente, se alejó definitivamente de Viena y de su esposo, se compró un barco al que llamó Miramar y con él se dedicó a viajar en un interminable periplo por civilizaciones del Mediterráneo.

En setiembre de 1898, mientras paseaba por las orillas del lago Lemán de Ginebra, el anarquista italiano Luigi Lucheni fingió tropezar con ella al tiempo que le clavaba diestramente un estilete en el pecho, muriendo pocas horas más tarde. Sissi fue sepultada en la cripta imperial de Viena. Esta fue una última traición a su voluntad, ya que ella había dejado testamentada su decisión de ser sepultada en la isla de Corfú, en el prístino y azul mar Jónico.

¿Y ROMMY?

No fue menos trágica la vida de quien encarnara para el cine a la mítica Sissi de Baviera. El personaje la capturó a Rommy Schneider para siempre. Fueron inútiles sus intentos de desprenderse de esa aura maléfica, probando caracterizaciones de gatita sexy y misteriosa. Cayó presa del alcohol y la depresión. Su vida matrimonial se tambaleó tras perder un embarazo y luego, vivir la horrible experiencia protagonizada por su hijo David, de 14 años, quien al intentar cruzar una verja quedó atravesado en una lanceta muriendo allí mismo. Para completar la tragedia, su segundo esposo Daniel Biasini se suicidó.

Rommy murió en 1982 en su departamento de París. Tenía apenas 43 años y vivía sola. El diagnóstico de su muerte fue miocardiopatía de takotsubo.

Ambas, Sissi y Rommy, murieron a causa del “síndrome del corazón destrozado”.