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Editorial

El panteón no se toca

La gente le puso límites a la desubicación.

Es difícil saber cuándo nace la costumbre de “juntarse frente al Panteón” para celebrar o condenar algo externando el humor social del momento.

La historia del edificio arranca en1863 cuando Francisco Solano López encargó su construcción siguiendo los lineamientos del Panteón de Paris, que inicialmente fue concebido como iglesia para Santa Genoveva y finalmente dedicado a franceses ilustres.
El Panteón (del griego “a todos los dioses”) estaba destinado, según el proyecto original, a ser el oratorio de Nuestra Señora de la Asunción.

El arquitecto italiano Alejandro Ravizza tuvo el honor de diseñarlo y su construcción quedó a cargo del maestro Giácomo Colombino. Pero la guerra interrumpió las obras que quedaron abandonadas durante más de 70 años. Fue en 1936, un año después de finalizada la guerra del Chaco, que el Panteón y Oratorio pudo ser inaugurado bajo su doble advocación: ser lugar de descanso de héroes de la Patria y albergar la imagen de Nuestra Señora de la Asunción, Patrona del Paraguay y Mariscala de los Ejércitos. En el frontispicio de la fachada sobre Palma se lee esta frase: “Fides et Patria”, Patria y Fé.

Los estudiosos de la fenomenología social consideran que hay “lugares de poder”, sitios en los que se concentran fuerzas de origen inexplicable. El heroísmo y los misterios de la fe pueden desatar sentimientos muy poderosos, sobre todo si se combinan y potencian. El culto a la Virgen María y el respeto a los héroes históricos están profundamente incrustados en el pueblo paraguayo como una segunda naturaleza.

En ellos nos reconocemos y nos agrupamos casi instintivamente, ya sea para resistir tiranías y arbitrariedades o para festejar triunfos deportivos, en especial, de la selección de fútbol, que es cuando las divisas se borran para ser reemplazadas por la albirroja, hermana gemela de la tricolor.

Quienes mancillaron las paredes y columnas del Panteón quizá hayan actuado inconscientemente, buscando provocar fuerzas que no comprenden pero que intuyen poderosas. Lo lograron.

El resultado fue el pueblo movilizado para proteger a sus manes, esos dioses familiares para quienes los griegos mantenían el hogar, la llama perenne. Por eso la antorcha de la entrada. Es un símbolo y una advertencia que dice: El Panteón no se toca.

Equipo Periodistico
Escrito por

Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, Lorena Barreto, Luz González, Jacqueline Torres, Patricia Galeano, Magalí Fleitas, Victor Ortiz, David Chamorro, Mary López, Juan Martínez, Fabrizio Meza.

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