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jueves, enero 20, 2022
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Asunción

El centro se muere
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Hace años que el centro de Asun­ción se está muriendo.

A los jóvenes menores de 21 años hay que explicarles, con fotos y algún video, cómo eran las “palmeadas”, gloriosas jornadas que los asuncenos protagonizaban los sábados saliendo a pasear, de punta en blanco, por la calle Palma que brillaba con sus comercios atiborrados de novedades, puestos de aloja o de chucherías varias ofertadas a precio de ganga. La gente iba y venía –para envidia de su semi desierta vecina Estrella- escuchando polcas y guaranias a veces interpretadas en vivo, o algún boleracho de moda que sonaba desde los parlantes exteriores de casa Vilades­au. Eso sin contar el 21 de setiembre, que era cuando los muchachos metían mano entre la multitud de jovencitas luciendo sus minifaldas Courreges o sus vaqueros ajustados, movida que no pocas veces terminaba con la policía interviniendo para poner fin a excesos…

Todo eso se acabó. Ahora el ruido está en los grandes shoppings, esas catedrales del con­sumo que buscaron en la periferia asuncena un medioambiente más verde y amable.

En el centro histórico de Asunción quedaron, por ejemplo, los cuidacoches, un subproducto urbano que está contribuyendo a darle el tiro de gracia. Años atrás, eran esas personas amables que se ofrecían para echarle una miradita al auto y mientras su propietario iba a lo suyo le daban un repasito al parabri­sas aceptando, al final, lo que le ofrecían.

Eso es historia. Ahora el cuidacoches es el pro­pietario del pedazo de calle bajo su cacicazgo. Es mejor no intentar estacionar allí sin la auto­rización de ese verdadero “watch dog” armado de un palo limpiador que muy bien puede convertirse en garrote. La “tarifa” es más alta que la de un parking cerrado. Y si alguien quiere hacerse el prepotente –es decir, ejercer su derecho a estacionar libremente en un espa­cio público no tarifado- puede que encuentre a la vuelta el auto rayado, sin algún espejo o algo peor. El cuidacoches lo estará mirando desde lejos, riéndose del furioso ciudadano atropellado inicuamente en sus derechos.

La categoría “cuidacoches” no existe como trabajo. Es un servicio innecesario y no solicitado. Su presencia no garantiza nada, salvo atropello y extorsión. Pero como todos “van prendidos”, la plaga se consolida y expande, contribuyendo a matar a un microcentro moribundo.

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