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Delirios electorales

Hace aproximadamente 3.000 años los griegos buscaron explicaciones racionales, a los fenómenos naturales y sentaron las bases de la geometría y la aritmética encabezados Pitágoras y Téano – su mujer-, reconocida como la primera matemática de la historia.

Con la aritmética desde muy pequeños nos enseñaron que se puede sumar, restar, multiplicar y dividir. Es decir, es el área más básica de las matemáticas. Disculpen amables lectores si con todo derecho a esta altura están pensando que les estoy tomando el pelo. Vaya mi mayor respeto a quienes siguen leyendo. Por el contrario, solo pretendo dejar en evidencia al Presidente de Argentina, Alberto Fernández, que tuvo la osadía de burlarse de Pitágoras y del resto del planeta.

Ocurre que hubo elecciones de medio término para renovar Senadores y Diputados. Sabemos que lo más frecuente es que alguien gana y alguien pierde, gracias a la aritmética que nos permite sumar, restar y poder llegar a resultados verificables a fin saber quiénes fueron electos. Hasta aquí nada nuevo bajo el sol.

Más de 34,3 millones de personas estaban convocadas a votar para renovar un tercio del Senado y la mitad de la Cámara de Diputados. La proyección oficial señaló que la participación del electorado alcanzó el 71%, cinco puntos más que en las primarias. La coalición gobernante, a fuerza de heladeras, lavarropas, viajes de estudios, plan platita y otros beneficios gratuitos, intentó revertir la paliza que sufrió en las primarias.

Los números mejoraron en algo para el gobierno, pero los resultados no dejan dudas. Juntos por el cambio (oposición), 42.38%; Frente de Todos (oficialismo), 32.93%, Izquierda (oposición), 5.96% y Tercera vía (oposición de derecha), 4.95%. De los 24 distritos electorales (provincias), el gobierno perdió en 18. Si volvemos a Pitágoras y sumamos los diferentes porcentajes que electoralmente no son acumulables, pero sí en términos aritméticos, dan un resultado final de 53.23% para la oposición y un 32.93% para el gobierno. Más de 20 puntos de diferencia.  Hasta aquí una aburrida crónica de una elección más y los acostumbrados análisis de los comentaristas de turno.

Con los resultados conocidos, el Presidente Alberto Fernández llamó a festejar el triunfo: “Les pido que el próximo miércoles 17 celebremos el día de la militancia y llenemos la Plaza de Mayo”. En todas las agencias de prensa del mundo se informaba que el gobierno había perdido. El presidente de ese mismo país, de manera delirante y extraviado en su propia euforia, festejaba el triunfo.

“La única verdad es la realidad”
Dijo Aristóteles. Juan Domingo Perón, fundador del movimiento que perdió las elecciones el último domingo, hizo propias estas palabras a las que el imaginario popular dio el carácter de verdad indiscutida y juntos con las 20 verdades constituyen la plataforma básica de su ideario y doctrina, aún vigente luego de más de 71 años.

Es posible que Alberto Fernández no sepa casi nada de Pitágoras y aún utilice los deditos para sumar y restar. Pero resulta muy difícil de creer que no haya leído a Perón, con el que se enjuaga la boca cada mañana para una nueva cita reafirmadora y vanidosa de su carácter de primer soldado del general. “Para un peronista no puede haber nada mejor que otro peronista”. No cabe duda que Fernández, fuera de realidad, solo saludaba y festejaba el voto de sus adherentes tal como lo hacía el propio Perón en la verdad Nº6. La unidad nacional, el presidente de todos los argentinos, el futuro de la república, son mensajes que muchas veces pueden llevar a los gobernantes a ser optimistas frente a las crisis que atraviesan como para tomar las cosas con buena onda.  El modo autista de “festejar el triunfo” los llevó a que pasaran las horas sin reconocer el real triunfo de los otros.

Esta enorme dificultad democrática que al decir de Alain Touraine “La democracia es el reconocimiento del otro”, repite el mismo protocolo que instaló Cristina Fernández de Kirschner cuando se negó a pasarle la banda presidencial a  Mauricio Macri.  Más allá de malos perdedores, lo que no pueden ser es delirantes para desconocer los números y terminar ninguneando a los dos tercios de argentinos que votaron en su contra.

Los días pasan, los resultados son confirmados por la Justicia Electoral, pero la oposición ganadora no desentona con la esquizofrenia reinante y pide un reconocimiento de su triunfo, por el mismo que tres días después y como Presidente de un país de 44 millones, llama a su propio acto de celebración.

El diputado nacional y neurocirujano electo por la provincia de Buenos Aires, Facundo Manes, diagnosticó clínicamente al presidente Alberto Fernández, luego de que el jefe de Estado llamara a «festejar el triunfo» de los comicios. Afirmó que «tiene anosognosia».

«En la neurología hay algo que se llama anosognosia, y significa no reconocer el problema y cuando un paciente no reconoce el problema, no va a poder encarar la rehabilitación», argumentó el neurocientífico.

En este marco de construcción de la posverdad, una palabra para definir el mundo al revés de la política”, se define cuando “los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública que los que apelan a la emoción y las creencias personales”.

El filósofo, humanista y pensador británico A.C. Grayling, mira con horror la posibilidad de un mundo dominado por la posverdad y hace una advertencia sobre la «corrupción de la integridad intelectual y el daño del tejido completo de la democracia».

Pinocho (imagen que ilustra la nota) no tuvo acceso a la postverdad. Menos elaborado, pero tan elocuente y actual como hoy, fue de los primeros en llamar a la mentira por su propio nombre.

El tema de estos precarios estadistas y de nuestros ilustres salidos de las recientes elecciones municipales, tienen un parentesco asombroso. Mientras Alberto Fernández celebra un triunfo que no existió, Oscar Rodríguez anuncia corrupción cero como una de sus primeras medidas, a pesar de asumir bajo sospecha en un proceso de compras irregulares, que según sus propias afirmaciones, tampoco existieron.

Arturo Enzo Bregaglio
Arturo Enzo Bregaglio
Abogado. Periodista y Lic. Ciencias de la Comunicación. Ex director de Radio Viva y vicepresidente por América Latina y Caribe de AMARC (Asociación Mundial de Radios). Ha impartido numerosos cursos de Comunicación Política y Derecho a la Comunicación en México, Costa Rica, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, Chile, Uruguay y Argentina. Consultor de la organización para la migración paraguaya. Gestión de las campañas en Estados Unidos, Brasil, España, Francia, Italia, Suiza y Argentina, para el logro del voto de los paraguayos en el exterior.

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