Todos a una
En el Paraguay, todo propietario de tierra es sospechoso hasta que se pruebe lo contrario.
Esta máxima está vigente desde hace décadas en un país en el cual, si se sumaran matemáticamente todos los títulos de propiedad, tendríamos que pedir prestado territorio a Brasil, Argentina y Bolivia para emparejar el catastro con los documentos de presunto dominio. Este desbarajuste no sólo hace extremadamente inestable la propiedad privada sino que además su alta cuestionabilidad de origen genera un subproducto muy codiciado por los especuladores: el excedente fiscal.
De manera que el festín con las tierras tiene varios ítems en el menú: la propiedad en expectativa propiamente dicha, el sobrante derivado de mensuras ordenadas una detrás de otra para “aclarar” la situación de una determin...