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Telebasura en crisis

Los talk shows son programas en los que los protagonistas, personas comunes y corrientes que no pertenecen al mundo de la televisión, son entrevistadas por el presentador con el fin de que den testimonio de experiencias personales que están viviendo o han vivido en algún momento de su vida.

Su origen se remonta a los años 1950 cuando, en Estados Unidos, aparecieron vinculados a los programas de variedades. Hacia finales de los años 1960, El show de Phil Donahue  comenzó un nuevo estilo en los medios que consistía en compartir información interesante, cuestionar y ventilar cuestiones diversas y personales porque parecían y eran atractivas al público, al que se le pretende vender algo a través de estos “espectáculos teatrales” según algunos críticos que no gustan y confían en su contenido.

Algunos clásicos que han acompañado a muchas generaciones son;

  • Almorzando con Mirtha Legrand.
  • Laura en America.

Y una serie de otros programas que continúan hasta hoy día y que han sido o son removidos del baúl de los recuerdos porque las nuevas generaciones no tomamos la posta de continuar el diseño y producción de programas o contenido audiovisual, radial o textual para reemplazar de una vez por todas, el sonido e imágenes de personas que han envejecido con sus programas de televisión y radio. El tiempo y cambio del lenguaje, público, mensaje y canales que hoy día se consumen, demandan nuevas mentes, ideas y personajes para volver a hacer atractivo, el ver, leer o escuchar lo que pretenda transmitir un medio de comunicación. 

Modelo cuestionado

El  reinado televisivo de  la peruana  Laura Bozzo comenzó hace 25 años con Laura en América, la reformulación de un formato que no era nuevo: al plató acudían amigos, parejas o familias con problemas variopintos a los que ella debía encontrar solución, a la manera de un rey Salomón histriónico, y solían comenzar con su frase de cabecera: “¡Que pase el desgraciado!”. Un grito de guerra que se popularizó tras un programa al que acudieron tres chicas de dieciséis años “embarazadas del mismo imbécil”.

Ahora estas figuras y estilos de programas de televisión ya no generan lo que empezaron a hacer hace más una generación y los medios de comunicación al darse cuenta de esto van reemplazando su emisión por “enlatados” o producciones extranjeras cómo series, programa de noticias o entretenimiento que no reflejen lo local o sean de producción nacional, así cómo lo que consumimos en plataformas cómo netflix, youtube u otros canales que existen la red.

Un espacio que nos pertenece a todos y podemos darle valor y éxito a sus canales apoyándolos, siguiendolos, compartiendo su contenido en nuestras cuentas particulares o haciendo lo contrario abandonando su visita, bloqueando su contenido por nuestra parte para dejar que nos sigan llegando más avisos de su producción o demandando a los dueños de la plataforma un uso indebido de su red por estar transmitiendo violencia, lenguaje grosero o lo que afecte la mente del consumidor.

El estilo de programa que ya está en decadencia no sirve para ganar tiempo sino perderlo porque cómo consumidores finales de estos “trabajos” ya no estamos dando cuenta que no comunican algo que nos sirva a nuestra salud o vida que por haber llegado muy lejos haciendo un mal uso del vocabulario, imágenes o sonidos, van marcando un fin a su trayectoria. La telebasura también está en crisis.

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