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Editorial

¿Qué hacías el día que mataron a Kennedy?

El católico que decidió ir a la Luna porque era una tarea difícil

El 22 de noviembre es una de esas fechas que los yanquis gustan convertir en pregunta: ¿Qué hacías el día que asesinaron a Kennedy?

Era un viernes, como a las tres y media de la tarde en Asunción. La radio era el único medio informativo de instantaneidad comparable a la TV de hoy que por entonces no existía. Era una de esas noticias que el “director propietario” de Radio Paraguay, Gerardo Halley Mora, prefería dar personalmente rompiendo la cuidada rutina de los boletines. Para una ciudad semi aldeana que se informaba “a fondo” a través de los diarios, la noticia conservaba aún su impacto al día siguiente en las planas de los periódicos. “El mundo libre llora a John Kennedy” proclamaba el matutino “La Tribuna”, enlazando la figura del efímero presidente demócrata con el denso clima de confrontación solapada entre EE.UU. y la Unión Soviética. 

Kennedy había tenido sus escarceos con la Unión Soviética, en el apogeo de la guerra fría, en dos ocasiones extremadamente peligrosas. En 1961, apenas cuatro meses después de asumir, Kennedy activó un “paquete” que su predecesor, Dwigth Eisenhower, le había dejado en el escritorio del salón oval. Fue la frustrada invasión de bahía Cochinos, una chapucera operación con la que se intentó derrocar a Fidel Castro, que para entonces era ya un declarado marxista-leninista alineado con Moscú. Castro hizo uso apropiado de aquel regalo de alto marketing mostrando a Washington en su vena de potencia camorrera. Un año más tarde, de nuevo con Cuba como escenario, el Pentágono descubrió la instalación de misiles de alcance medio con ojivas nucleares. Tembló el mundo. Kennedy ordenó el bloqueo naval de Cuba y empujó a la URSS a un crescendo de tensiones que finalmente pudo desactivarse, no sin costo político para la Casa Blanca. EE.UU. empezaba a pensar que si con Eisenhower había constatado lo inocuo que era tener un presidente, con Kennedy estaba comprobando lo peligroso que estaba siendo tener uno.

Kennedy  era un gran instalador de frases. Cuando impulsó la Alianza para el Progreso dijo: “…aquellos que hacen de las revoluciones pacíficas un imposible, hacen que las revoluciones violentas sean inevitables». 

Otra, desafiante: “No preguntes que puede hacer el país por ti sino que puedes tú hacer por tu país”.

Y la heroica: “No iremos a la Luna porque sea fácil, sino porque es difícil”. 

De rigor legítimamente irlandés. 

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Nada es seguro

Equipo Periodistico
Escrito por

Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, Lorena Barreto, Luz González, Jacqueline Torres, Patricia Galeano, Magalí Fleitas, Victor Ortiz, David Chamorro, Mary López, Juan Martínez, Fabrizio Meza, Lisandra Aguilar.

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