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Historias

Ideas a las que nunca les llegó su hora

Enzo Debernardi y el fondo soberano que nunca pudo ser

Por Cristian Nielsen

Cuando asumió la presidencia en 1989, luego de los comicios de mayo de ese año, Andrés Rodríguez decidió confiarle a Enzo Debernardi el ministerio de Hacienda, luego de una larga carrera como presidente de la ANDE y director general paraguayo de Itaipú Binacional. 

Rodríguez apostó a la vasta experiencia administrativa de Debernardi, quien tenía en su haber la construcción de la primera hidroeléctrica del Paraguay, la central de Acaray y las negociaciones que desembocaron en la realización del para entonces –años ’60 y ’70- monstruoso proyecto de Itaipú y el no menos ambicioso de Yacyretá. 

Bajo su gestión, la ANDE había adquirido el carácter de empresa pública moderna y eficiente que conservaría por un buen tiempo.

Instalado en su cómoda residencia de la calle España, Debernardi me recibió una mañana para una charla la mayor parte de la cual era “no citable”, más que nada para dejar constancia de cuál era su línea de pensamiento para algunas cosas que por entonces le preocupaban pero que intuía no podría cambiar dado el clima político imperante.

-¿Qué tal si en vez de volcarlos a gastos corrientes formamos un fondo fiduciario o una banca de segundo piso para financiar obras de infraestructura?

El tema me tomó de sorpresa y enseguida supe que se trataba de una pregunta meramente retórica.

“SI HUBIERA PATRIOTISMO” – Debernardi entendía el patriotismo de una manera bien concreta. Para alguien formado en la dura escuela de Stroessner, en cuanto a gestión pública, la idea de patriotismo pasaba por prestar un servicio eficiente y honesto al ciudadano a través de las instituciones públicas.

“El Estado paraguayo recibe por año unos 350 millones de dólares en concepto de royalties y compensaciones de Itaipú binacional, y otros 250 millones de Yacyretá –explicaba el ingeniero con su clara didáctica-. Si en lugar de dispersarlos por el presupuesto general en gastos corrientes, los destináramos a obras de infraestructura, el país podría adelantar años sin necesidad de endeudarse”.

Con la divisa norteamericana por entonces a Gs. 1.100, es fácil imaginar lo que significaba en esos días 600 millones de dólares. Debernardi había dirigido la construcción de Acaray, una obra que movió su primer metro de tierra en junio de 1965 y echó a andar comercialmente sus turbinas el 16 de diciembre de 1968, todo en cronograma y a un costo de US$ 36.330.000. Itaipú habría de profundizar su expertise administrativa, la misma de la que Rodríguez intentaba aprovecharse, en el buen sentido.

“Si hubiera un poco de patriotismo…” había sugerido Debernardi en aquella charla tranquila, dejando flotar una idea que él creía excelente… pero a la que no le había llegado su hora.

UN FONDO SOBERANO – Lo que Debernardi proponía –eso sí, in péctore- era la formación de un fondo soberano con esos 600 millones de dólares procedentes de lo que ambas hidroeléctricas giraban al Paraguay por cesión en el uso de la energía no utilizada y por las compensaciones debidas al territorio inundado. 

La idea de Debernardi adelantaba a su tiempo. Noruega la puso en práctica diez años después cuando cayó en la cuenta de que sus abundantes ingresos petroleros no serían eternos y que sería prudente ir guardando una parte sustancial. Constituyeron entonces el Statens pensjonsfond Utland o fondo gubernamental de pensiones. Se trata en realidad de un verdadero vehículo de inversiones que ya ha superado en las bolsas de Nueva York, Francfort y Londres el billón de euros (un millón de millones) y ha convertido en magnates a cada uno de los 5,3 millones de noruegos.

Debernardi había hecho los deberes en los albores de la transición. En 2023, consideraba, los tratados serían renegociados y los royalties se habrían esfumado al consumir el Paraguay toda la energía que le toca en ambas represas. Hasta entonces, si el fondo hubiera funcionado, hoy habrían pasado por sus ventanillas US$ 22.000 millones, suficientes para hacer despegar cualquier economía del tamaño de la paraguaya. 

¿Y QUÉ HICIMOS? – Simplemente, dilapidamos ese filón. Primó el gasto, más bien el “vito”, ya que casi no hay rastros de toda esa enorme fortuna dejada por las binacionales en las arcas estatales. En lugar de concentrarla en obras y programas de desarrollo, se la despilfarró al tun tun, la mayor parte destinada a tapar agujeros presupuestarios. La dispersión es enorme: 5% a las gobernaciones afectadas (se supone que por los embalses), 5% a las no afectadas, 15% a los municipios afectados y el 25% a los municipios no afectados, esta última, una flagrante incongruencia.  Millones de dólares tragados por una administración pública enviciada con sobresueldos, gratificaciones y pagos diversos para un servicio de calidad lamentable. 

Quise recordar esta charla con Enzo Debernardi para demostrar que hubo –y sin duda, debe haber ahora mismo- hombres de Estado capaces de pensar con visión de futuro y auténtica vocación de servicio a quienes venció, sin embargo, la política sucia y codiciosa que nos tiraniza hasta hoy.

 

Equipo Periodistico
Escrito por

Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, Lorena Barreto, Luz González, Jacqueline Torres, Patricia Galeano, Magalí Fleitas, Victor Ortiz, David Chamorro, Mary López, Juan Martínez, Fabrizio Meza, Lisandra Aguilar.

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