viernes, mayo 1

Muerte y reflexiones

Siempre me dicen; “Iñaki no mires más atrás al accidente del que milagrosamente saliste con vida y lastimosamente perdiste a tu novia, ella desde algún lugar te cuida y cuidará siempre”, son palabras de estímulo y motivación para aceptar que mi pareja dejó de existir. Algo difícil porque fue la mujer con la que pretendía casarme, y a esta altura quizá ya hubiésemos sido padres de otro ser humano y administrando el proyecto “artístico-social” que teníamos en mente. No fue el único ser querido que perdí, también partieron en estos años unos tíos y mi abuelo paterno, seres humanos importantes para mí por sus gestos, palabras y formas de ser. Ellos  solo quedan en mi mente y la de otras personas cómo vagos recuerdos, hasta ahí, solo memorias asistidas por fotografías, filmes o lo que hayan hecho y podamos sentir ver o escuchar.

Aunque me repitan siempre lo mismo que cité más arriba, no puedo sacarme de mi cabeza esos ojos, sonrisa y acento sureño estadounidense, tan particular y único de ese gran país de muchas culturas, personas y sitios diseñados y construídos por su población. Que fue, es y será vulnerable a morir cómo las personas de cualquier lugar del mundo, por eso he aprendido de experiencias propias la importancia de vivir con cuidado, atención y sin ansiedad o precipitación. 

Lecciones aprendidas

Cómo sobreviviente de un percance que casi me lleva al otro lado y quedó con vida “por y para algo” cómo también me repiten solo puedo decirles que no se lo que hay del otro lado, no ví esa “luz” que me preguntan desde que salí de terapia intensiva, ni hable o vi a/con nada o nadie en particular. Lo único que recuerdo de ese accidente es la nada, mi memoria que resultó también dañada solo registra las primeras terapias, a mi familia que estuvo conmigo desde que entré al hospital, cuando dí mis primeros pasos más de 20 años después de haber nacido, volví a hablar, tragar/respirar con normalidad y volver a crear con estos escritos.

No sé qué es la muerte porque nunca he muerto ni resucitado para describir lo que ví,escuché o sentí en esa experiencia, y si lo hice tampoco recuerdo nada. Luego de un politraumatismo craneoencefálico el cerebro se resetea y volvemos a aprender y vivir lo que hayamos perdido de la mente o no recordemos más.

He sufrido convulsiones al recordar estas cosas, hasta aquí llego con estas palabras y pensamientos sobre la muerte que solo me toca imaginar cómo sería el viaje y arribo donde sea del/la fallecido/a, que cómo también me dijeron en estos años de recuperación; “Iñaki, ella se fué y nunca más la volverás a ver, escuchar y sentir, dejá que descanse en paz”. Y viví tranquilo y feliz cómo cualquier ser vivo que te rodee, viejo respiras, escuchas, ves, sentis, tragas, te moves con tus piernas y no dependes de nadie más que vos. Viví atento y previendo cualquier problema para que no te pase nada malo a vos o a quien te acompañe a donde o lo que sea”. Son recomendaciones válidas que siempre me encargo de repetirme.

Agradezco a las personas que probablemente elevaron una oración a Dios para que me devuelva la vida, cosa que creo existió por lo que me relataron los médicos y mis padres de cómo llegué al hospital luego del terrible impacto. Ese accidente  dejó a dos personas sin vida, Emily y el señor Moreno, padre de familia y empresario, también pude haber partido, pero no fue así. Existo para extender lo que les fue dicho a mis padres cuando deje la terapia intensiva; señores, la recuperación no será fácil, todo depende de él, que viva y haga todo en armonía. Ha sido una lección dura que aprendí y enseñó cada día.