martes, marzo 2, 2021
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Asunción

Ideas para el campo
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Cada vez que los políticos en campaña se quedan sin material de marketing echan mano a elementos de probada inutilidad. En los días de Stroessner, se les daba a los conscriptos dados de baja un certificado de ocupación de un lote del IRA, un machete, una bolsa de provista y a trabajar… o algo así. Si tenían suerte, algunos podrían ser “beneficiados” con un arado de mancera, lo más cercano al usado por Caín y Abel antes del fratricidio. Luego se pasó al tropicultor, un engendro que funcionaba para determinados cultivos, en ciertas condiciones y según la conjunción planetaria vigente. 

En los días de Fernando Lugo, a uno de sus ministros de Agricultura se le ocurrió la idea de repartir pollitos para que los pequeños agricultores se iniciaran como avicultores. A la iniciativa le faltaron algunos detalles como por ejemplo cómo alimentar las aves, como mantenerlas sanas y en qué momento y en donde venderlas. Resultado, se comió pollo por un tiempo en las fincas rurales alcanzadas por el innovador programa.

Programas de este tipo no se hacen al tuntún, sólo para la foto proselitista. Es un trabajo para especialistas apoyados por organizaciones que se mueven en el mundo de la producción, la biotecnología, la organización y el mercadeo, todo al mismo tiempo. A mediados del año pasado, pequeños productores de una colonia caazapeña cayeron en la cuenta de que una de las razones de la lentitud de su desarrollo radicaba en el pobre papel reservado a las mujeres. Una acción combinada de extensionistas del MAG -de los que trabajan en serio- y de técnicos de gremios de la producción y de la biotecnología lograron incorporar a las mujeres a un programa de desarrollo avícola. El trabajo fue paciente y revelador. Las campesinas encontraron más rentable criar pollos que comprarlos. Y aún más, cada agricultor destinó una parcela de su finca a cultivar soja y maíz para alimentar las aves. Así lograron bajar costos y rentabilizar el programa. Hoy se abastecen de carne y huevo y el remanente lo llevan al mercado, cerrando el círculo virtuoso de la producción y comercialización. Otras colonias del departamento se sumaron a la idea y salen adelante por autogestión. 

Algo que los políticos no van a terminar de entender es que las imposiciones y las ideas verticales no funcionan. Sí lo hacen la asociación y la transferencia de tecnología. 

Ese es el camino.

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