Real iracundia

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    Por Cristian Nielsen

    A los habitantes del poder, en especial los de las altas cumbres, no les gusta que se los critique. Desde reyes empingorotados aferrados al boato monárquico hasta el más despreciable tiranuelo caribeño fruncen el ceño cuando la opinión pública les marca la cancha. De inmediato apelan a sus privilegios para callar bocas y silenciar medios o, en el caso de las dictaduras de poca monta, echan mano a la amenaza directa, el secuestro de periodistas, querellas y hasta asesinatos por encargo.

    Pero los berrinches más sustanciosos son los que comprometen a las casas reales de Europa, que aunque sean todo lo constitucionales y parlamentaristas que se quiera, ni bien algún monarca se ve en titulares catástrofe activan de inmediato todas las clausulas de poder que cada familia real se tiene reservadas desde siglos atrás.

    El encarcelamiento del rapero Pablo Hasél encendió luminarias en toda España, algunas de cuyas autonomías, en especial la catalana, la vasca y la gallega, han empezado a hartarse de la prepotencia e intolerancia de la casa real española.

    Pero esta no es una condición exclusiva de los inquilinos del Palacio de la Zarzuela. El mal humor real cruza Europa de punta a punta.

    “SI SIGUEN, ABDICO” – En los años ’60 del siglo pasado, la aeroespacial Lockheed de Estados Unidos se tambaleaba financieramente tras el fracaso de su jetliner L-1011, desbancado por los rutilantes aviones de Boeing y su seguidora en el mercado, Douglas. Así que puso todas sus fichas en colocar a escala mundial dos productos militares: el multipropósito Hércules C-130 y el interceptor F-104 Starfighter. Los CEOs de la Lockheed no se sentaron a esperar que el mercado los aceptara, así que salieron a capturarlo. Y lo hicieron con bien provistos maletines para allanar cualquier “dificultad” de mercado.

    El escándalo de sobornos resultante tumbó varios gobiernos y puso en jaque a la corona de Holanda, cuya justicia abrió una carpeta para investigar el grado de involucramiento que pudiera haber tenido el Príncipe Bernardo, consorte de la reina Juliana. Se hablaba de un “premio” de US$ 1.500.000 dólares, algo así como unos US$ 14 millones de hoy, para garantizar que la Real Fuerza Aérea comprara esos aparatos. El runrún no paró de crecer y cuando la fiscalía anunció que llamaría a declarar al príncipe, la reina golpeó el mostrador: “Si lo llevan a la justicia, abdico”. Fue más de lo que los holandeses estaban dispuestos a aguantar. Allí mismo, la carpeta fue sellada y encerrada bajo siete llaves. Bernardo dio un corolario real al episodio: “Yo estoy muy por encima de estas cosas”, es decir, de la justicia, entre otras cosas.

    SIRVIENTE DESLEAL – En 2003, un periodista del Daily Mirror, matutino londinense sensacionalista, se infiltró en el Palacio de Buckingham tras hacerse contratar como sirviente y ocultando su verdadera personalidad. Ryan Perry, de 26 años, recorrió todos los aposentos de la residencia real vistiendo una impecable librea de servicio. Incluso llegó a asomarse al balcón que da al Parque Saint James en donde se producen las grandes concentraciones en celebración de acontecimientos importantes.

    La irrupción se produjo en los días en que el presidente George Bush (padre) visitaba el Reino Unido para, entre otras cosas, entrevistarse con la Reina Isabel II. 

    “Si yo hubiera sido un terrorista no me habría costado nada matar a la reina y al presidente” se jactaba Perry en uno de sus escritos. 

    A poco de descubierto el escandaloso quiebre del sistema de seguridad del Palacio Real, la oficina jurídica empezó a estudiar una serie de posibles querellas contra el intruso, que iban desde allanamiento de morada a violación de la seguridad de la reina pasando por una variada gama de figuras vinculadas al terrorismo. Finalmente, la corona desistió de todas ellas salvo una: violación de la confidencialidad que todo sirviente de la reina jura honrar una vez fuera del servicio en el palacio. Tampoco eso caminó porque Perry no era un sirviente auténtico sino un impostor que jamás había firmado contrato alguno.

    CÓLERA REAL – En 2007, la Casa Real española tuvo un rifirrafe de aquellos con un semanario titulado “El Jueves”, que sale los miércoles, y que se caracteriza por sus portadas muy ácidas, en especial, contra la monarquía a cuyos miembros acusa de vivir sin trabajar. En uno de sus números, el periódico incluía una caricatura de los entonces príncipes de Asturias, Felipe y Letizia, en pose sexualmente explícita y haciéndole decir al hoy Rey de España: “Si quedas embarazada, esto va a ser lo más parecido a trabajar que me pasó en mi vida”.

    El acabóse. Un tribunal ordenó la requisa de toda la edición de 120.000 ejemplares y querella para todo el mundo en base al privilegiado tratamiento que tienen los “delitos de lesa majestad” en el Código Penal de España.

    Así que el calvario del rapero Pablo Hasél es uno más en la larga tradición de iracundia incontenida de los monarcas españoles. 

     

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