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Hermann Guggiari: Cuando se unen talento y compromiso

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Cristian Nielsen

Quienes entran por primera vez a “la Crucita”, o Iglesia de la Santa Cruz del barrio Carlos Antonio López, pueden llevarse una sorpresa ante una visión inesperada. En el lugar del altar reservado generalmente para el cristo crucificado en su tradicional formato impuesto por la escultura clásica, aparece una silueta metálica que puede hacer entrar en shock a más de un devoto de dicha advocación.
Aquel fue el sitio elegido por el escultor Herman Guggiari para colgar su sorprendente Cristo resurrecto, o resucitado como quiera decirse, un Cristo que parece arrancado de la materia y, convertido en una especie de llamarada de metal, se proyecta rectamente hacia adelante, como dispuesto a confundirse con la feligresía concurrente. Solamente el catalán Dalí se animaría a presentar al redentor de los cristianos desde una posición tan disruptiva para el arte sacro.
Pero Herman tuvo, siempre, un poco de esa rebeldía que saca al artista de la rutina, de lo previsible, y lo proyecta a la inmortalidad.

TALENTO INAGOTABLE – Al igual que Dalí, nacido, muerto y sepultado en su Figueres catalana, Herman Guggiari nació, murió y fue sepultado en Asunción, en donde transcurrió gran parte de su vida creativa, en especial su último tramo hasta su fallecimiento el 1 de enero de 2012.
Se puede afirmar, sin lugar a dudas, que Guggiari es uno de los artistas plásticos más universales del Paraguay, así como Roa Bastos lo es en la narrativa y Flores en la música.
Los grandes sucesos de la humanidad lo conmovían. En 1959 su obra Hungría o Libertad, inspirada en los sangrientos sucesos de Budapest de 1956 cuando los soviéticos aplastaron una rebelión estudiantil, recibe un premio en la Quinta Bienal de San Pablo Brasil.
Tras el asesinato de John Kennedy en Dallas, Texas, EE.UU., Hermann concurre al Salón Esso de Artistas Jóvenes de América Latina, organizado por la OEA, en donde recibe el primer premio por su obra evocativa de la interrupta carrera presidencial del hasta entonces más joven presidente de los Estados Unidos.

COMPROMISO CIUDADANO – A Hermann no le fueron fáciles las cosas. En 1947, con 23 años y finalizada la contienda civil más cruenta de la historia contemporánea paraguaya, marchó al exilio, pero no anduvo nunca muy lejos de la patria.
“En 1948 -documenta el Portal Guaraní- junto con pinturas de Lucía Angélica Franco de Feldman, expone sus esculturas en la biblioteca Ruiz Moreno de Formosa. Datan igualmente de esta época obras como El Desterrado, El Mensú, Mitarusú, Mitakuña, Ternura y varios retratos como el de la citada pintora Franco de Feldman, de Margarita y José Bibolini en 1947 y del Gobernador de Formosa en 1948”.
En 1954, coincidiendo con la instauración del estronismo, retorna al Paraguay y se embarca en un itinerario creativo verdaderamente frenético. En 1970 abre las puertas del Bosque de los Artistas, en una propiedad muy arbolada ubicada sobre la calle España. Fue una suerte de espacio compartido en donde llegaron a exponer sus obras unos 250 artistas, permaneciendo activo hasta su cierre en 1995. El Bosque se iluminaba con decenas de obras en diciembre, con creaciones dedicadas a la celebración de la Navidad.

HERMAN Y EL AMBIENTE – Guggiari repartía su tiempo entre la creación, la participación en eventos de arte, su compromiso político con la libertad y también su búsqueda de un mejor relacionamiento del hombre con el ambiente.
Así llegó a diseñar viviendas ecológicas, en especial sus célebres “huevos” semienterrados que hacían innecesario el aire acondicionado y se integraban completamente a cualquier espacio verde. También diseñó mobiliario, luminarias para jardines y hasta boyas luminosas para el balizamiento del río Paraguay, entre otros proyectos.
Lorenzo Zuccolillo, miembro de la Asociación Internacional de Críticos de Arte, presenta a Guggiari como fundador del Movimiento Ecologista Paraguayo, en 1990. “Guggiari ha manifestado en diversas ocasiones y por distintos medios -dice- su preocupación por el deterioro del ecosistema local. Esas inquietudes, relativas a lo ambiental, en particular, y a lo orgánico, en general irán a incorporarse –en una suerte de integración- a elementos previos, para caracterizar –según entendemos- un siguiente momento de su obra”.
Muchos jóvenes artistas de hoy recuerdan sus inicios en el Bosque de los Artistas en donde Guggiari los recibía y generosamente les volcaba su experiencia y su sabiduría.
Su obra es continuada por sus hijos que prolongan la impronta plástica creada y plantada en la tierra por su padre.