lunes, mayo 11

DEMASIADOS PROCRASTINADORES

La procrastinación es la acción y efecto de procrastinar, y el procrastinar consiste en diferir o aplazar una tarea. Un hábito o comportamiento que no es sano para cualquiera y más si la persona cuenta con edad, experiencia y títulos que certifiquen su conocimiento en campos determinados, títulos que deben asegurar que el individuo que procrastine algo en particular conoce los métodos para hacer algo específico. 

La palabra procrastinar viene de; pro-: un prefijo que significa «adelante» o «en favor de».

  • -crastinus: un adjetivo derivado de cras, que significa «mañana».

Literalmente, procrastinar es actuar «en favor del mañana» o «dejar para mañana».

Por referencias podemos notar que es algo existente desde hace rato porque me tocó leer una reflexión sobre la procrastinación del filósofo Demócrito que vivió entre los años 460 a.C. — 370 a.C. ‘El decía que; «El que todo lo aplaza no dejará nada concluido ni perfecto».

Esta reflexión  nos invita a reflexionar sobre una de las barreras que más nos frena hoy día. La procrastinación no es simplemente un problema de gestión del tiempo o pereza; es, fundamentalmente, una dificultad para gestionar las emociones y el estrés vinculado a una tarea específica.

Desde una perspectiva psicológica y neurocientífica. procrastinamos porque:

  • Hay una recha de la regulación emocional: A menudo postergamos no porque no entendamos la importancia de la tarea, sino porque la tarea nos genera sentimientos negativos (ansiedad, aburrimiento, inseguridad o frustración). Al evitar la tarea, el cerebro recibe una «recompensa» inmediata: el alivio del estrés. Es una solución a corto plazo para un problema emocional.
  • Existe un perfeccionismo paralizante: Un miedo a no cumplir con estándares extremadamente altos (propios o ajenos) puede hacer que ni siquiera empecemos. La lógica interna es: «Si no puedo hacerlo perfecto, mejor no lo hago ahora». Esto está muy ligado al miedo al juicio y al fracaso.
  • Existe una fatiga de decisión y un agotamiento mental: cuando el cerebro está saturado, pierde la capacidad de autocontrol. Al final del día, o tras periodos de gran exigencia intelectual, es mucho más difícil vencer la resistencia inicial de tareas complejas. El sistema prefrontal, encargado de la planificación, simplemente cede ante el sistema límbico, que busca gratificación instantánea.
  • Existe una desconexión con el «Yo futuro»: Investigaciones sugieren que el cerebro a menudo percibe a nuestro «yo del futuro» como a un extraño. Esto crea una desconexión: preferimos que el «yo presente» descanse o se divierta, dejando la carga del trabajo a ese «desconocido» que seremos la próxima semana.
  • Existen Tareas abstractas o mal definidas: Si una meta es demasiado ambiciosa o vaga (por ejemplo: «Escribir un libro»), el cerebro no sabe por dónde empezar y se bloquea. La falta de una estructura clara aumenta la fricción cognitiva y favorece la distracción con actividades más sencillas y concretas, como revisar correos, redes sociales y terminar “perdiendo el tiempo en tonterías”

Nos pasa la factura

Debemos entender que el Procrastinar no es un «pecado» moral, pero tiene consecuencias profundas que afectan tanto la estructura de nuestro cerebro como nuestra calidad de vida a largo plazo. Porque nos habituamos a postergar tareas muy importantes para nosotros y otras personas afectado no solo nuestro rol en la empresa, hogar o donde estemos siendo empleados para algo en particular sino el trabajo y responsabilidades de nuestros compañeros, gerentes o responsables de la organización o institución. 

Por eso en vez de procrastinar debemos realizar o tomar acción en lo que debamos cumplir donde y cuando tengamos que hacer algo, evitar distraernos y perder el tiempo en lo que sea irrelevante para nuestro trabajo, hogar u organización donde trabajemos