miércoles, mayo 13

PAÍS LATINO SIN CAMBIOS ESPERADOS

Venezuela tiene una extensión territorial de aproximadamente 916,445 km², allí viven 31 millones de personas que aún sin Nicolás Maduro cómo su presidente siente que casi todo sigue igual. las autoridades estadounidenses prometieron “desatar la prosperidad” al tomar el control de la industria petrolera, pero muchos en Caracas opinan que hace falta mucho más que eso. Este país puede parecer un lugar de extremos discordantes. que se refiere a dos puntos, ideas o elementos que están situados en polos opuestos y que, además, no guardan armonía entre sí; chocan o resultan incompatibles. 

Nicolás maduro fue capturado el 3 de enero de este año durante la madrugada en caracas en una operación militar denominada «operación resolución absoluta», llevada a cabo por fuerzas especiales de los estados unidos, el ya ex Pdte. se encuentra bajo custodia de las autoridades de estados unidos en la ciudad de nuevo york. al tiempo de su captura fueron liberados cientos de presos políticos, muchos de ellos demacrados y traumatizados después de años de condiciones miserables en cárceles insalubres.  la mayoría tiene pánico a hablar de sus penurias por miedo a que el gobierno vuelva por ellos. cientos más siguen encerrados.

entre los bendecidos y maldecidos hay una brecha abismal en la que casi todos los demás venezolanos —profesores, médicos, albañiles, vendedores ambulantes— pasan sus días rebuscando entre los escombros de una economía arrasada. 

para este amplio sector de la población, la intervención estadounidense ha cambiado poco hasta ahora y solo ofrece una débil perspectiva de algo mejor. al día de hoy, se estima que más de 8 millones de personas han salido de Venezuela rumbo a destinos que les ofrezcan seguridad y opciones básicas para vivir tranquilos.

 “en los últimos cinco años, la moneda se devaluó tanto que mi salario equivalía a cuatro dólares al mes. es decir, se me olvidó que tenía un salario”, dijo pedro García, de 59 años, que ahora dirige un sindicato de profesores jubilados.

todavía no conozco Venezuela, pero sí a algunos de sus habitantes, que son buena gente o “chévere” cómo dicen allá.

García también contó que canceló más clases a fin de vender comida casera a la gente que hacía fila para conseguir combustible subvencionado en una gasolinera cerca de su apartamento. luego vendió la cama, el congelador de su suegra, y su propia bicicleta. su pensión es una miseria: “solo me alcanza para no morir de hambre” 

para el economista Carlos Hermoso; “la promesa de estados unidos de reinvertir en el país los ingresos procedentes del petróleo venezolano que vende podría dar la ilusión de “crecimiento”, pero sería un “espejismo” para la gran mayoría de los venezolanos”. El cambio más urgente no es político, sino funcional. se espera que se dé la apertura a la inversión internacional y la asistencia técnica (coordinada ahora con organismos multilaterales). el venezolano espera que se dé;

  • fin de los apagones: la recuperación del sistema eléctrico nacional (guri).
  • abastecimiento de agua: reparación de las tuberías y sistemas de bombeo que colapsaron en la última década.
  • salud pública: reabastecimiento de insumos básicos y medicinas en los hospitales para atender bien a los perjudicados.

ahora casi todos los demás venezolanos; profesores, médicos, albañiles, vendedores ambulantes— pasan sus días rebuscando entre los escombros de una economía arrasada, que alguna vez años atrás fue importante pero mal administrada por los políticos de turno que no han aprovechado sus recursos naturales para invertir adecuadamente en la salud mental y corporal su pueblo, que a largo plazo es lo que asegura el progreso y estabilidad económica y social de cualquier país en nuestro planeta