¿Oportunidad laboral o esclavitud moderna?
“Buenos días señor, le saluda Juan Pérez, de la empresa X, tengo una promoción especial, ¿tiene dos minutos?”, me abordó ayer una joven voz, entusiasta y esperanzada de concretar una venta desde un número extraño. En aquel instante pensé en cortar inmediatamente y le dije: “Tengo una reunión, estoy ocupado, ¿podrías llamarme un poco más tarde?”.
Acto seguido, volví a pensar y repensar en que Juan, al igual que unos 10 mil o más jóvenes a nivel país, necesita hacer su trabajo y ganarse el pan de cada día. Él insistió en no quitarme mucho tiempo por lo que escuché su ofrecimiento un momento y finalmente le agradecí. “No estoy interesado ahora mismo Juan pero, más adelante podría ser. Te agradezco”, le dije. “Perfecto, señor. Muy amable y que tenga buen resto de jornada”, me deseó.
Esa ...