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EL CANDIDATO
jueves, mayo 6, 2021
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Asunción

Asamblea de buitres
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Cuando leemos que una proveedora de medicamentos al MSP sobrefacturó sus entregas de un determinado específico, debemos tener en cuenta que toda especialidad farmacéutica es cara de por sí, aunque los cálculos realistas digan que no lo es.

Pongamos por caso una droga que entró de golpe en el radar de todos los centros de tratamiento contra el COVID19, el remdesivir. En Estados Unidos, los seguros médicos deben pagar a la farmacéutica fabricante del medicamento un promedio de US$ 3.250 por 10 días de tratamiento cuando el costo del Remdesivir es de apenas US$ 10 por paciente, según reporta una organización no gubernamental citada por el portal noticioso de la BBC.

¿Dónde está la clave de tan monstruoso incremento? Los entendidos en la materia afirman que una cosa es el precio unitario de venta del producto terminado y muy otra el proceso de investigación, desarrollo, prueba, validación y registro de un medicamento. No siempre, afirman, una línea de investigación y desarrollo llega a buen puerto con un producto eficiente y comercializable.

Sin embargo, el laboratorio que hoy está más vinculado al remdesivir –del emblema Gilead- no fue el que desarrolló el medicamento y sin embargo tendrá beneficios por encima de los US$ 3.200 millones este año, según cálculos del Royal Bank de Canadá. Esto lo sostienen catedráticos investigadores de las universidades de Leeds y Liverpool, del Reino Unido, citados por la BBC.

Ambos afirman que “no sólo debemos cargar la cuenta a la compañía sino que también debemos responsabilizar a los gobiernos por permitir que esto ocurra”.

¿Cuántos deben ganar para que un enfermo del virus chino tenga la esperanza de salir con vida? Esta sería una lista básica: laboratorios farmacéuticos, investigadores, representantes, distribuidores, agencias de publicidad, seguros médicos, clínicas, cadenas de farmacias y visitadores médicos, sin olvidar a los sistemas tributarios siempre hambrientos.

En alguno de esos eslabones de la cadena –probablemente representantes o distribuidores- se insertan las empresas que intermedian durante las licitaciones abiertas por los Estados para comprar especialidades medicinales. La pandemia ha expuesto en carne viva cómo se las gastan los concurrentes locales, agregando su pornográfica codicia personal al gran festival de buitres internacionales.

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