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jueves, diciembre 2, 2021
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Triunfos robados
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La FTC ya tocó fondo: se vistió con muertos ajenos

Es el colmo de lo macabro. Que la Fuerza de Tareas Conjunta se atreva a carroñearle unos cadáveres a narcotraficantes para presentarlos como de su propia cosecha, no sólo es la consagración definitiva de la incapacidad para cumplir la función para la que ha sido creada, sino también una afrenta al uniforme que visten y del que ya mismo debieran ser despojados todos sus miembros.

Están avergonzando todo lo bueno que representa el verdeolivo en la épica defensa de la integridad territorial y la soberanía del Paraguay.

La existencia de la FTC ya no solo es una contradicción en sí misma sino un híbrido institucional difícil de explicar a los organismos y observadores extranjeros que alguna vez se han ocupado del tema.

Nadie se explica que un rejuntado de 20 o 30 facinerosos tenga en jaque a las agencias de seguridad del país si no es por la vía de la incompetencia y la desidia programada. Para hacer frente a este puñado de delincuentes, el Gobierno está dedicando unos Gs. 54.400 millones anuales, estimándose que desde su creación en 2013, han gastado Gs. 408.000 millones, dedicándose a machetear matorrales en el norte y a vivaquear. Se supone que la FTC debería disponer de información clasificada y secreta de la SNI (secretaría nacional de inteligencia) creada para “producir conocimientos útiles de caracter estrategico en materia de inteligencia y contrainteligencia que permita identificar el crimen organizado que impacta directamente contra la seguridad y el desarrollo nacional…”, oficina que consume otros Gs. 6.000 millones en burócratas de oficina. Mientras toda esta montaña de dinero se va a los bolsillos de un montón de inútiles, el bandidaje rural sigue tan campante, atropellando, matando y extorsionando.

No es posible que este nuevo bochorno pase como si nada. Hasta ahora, este rejuntado de militares, policías y agentes antidrogas solo ha servido para poner a soldados rasos y policías a tiro del malandinaje armado del norte que ha asesinado a muchos de ellos con el lamentable saldo de hogares paraguayos enlutados para nada. Y encima, los deudos de esos muertos absurdamente sacrificados tienen que sufrir ahora la vergüenza de que los jefazos del grupo se envalentonen con “triunfos” robados a la ralea más despiadada, los carteles de la droga.

A ver, señores del Congreso, si ponen fin a esta farsa tan cara como peligrosa.

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