Agua, hielo y helado
Suena a galimatías pero son tres palabras y una conjunción que encierran toda una historia de la humanidad. Seguro a que a milenials y centenials les sonaría raro, en esta época de heladeras, freezers y dispensadores, si les dijera que el hielo había que ir a comprarlo al puerto, en lo que aún se conoce como Cervecería Paraguaya. Allí se hacía cola con una bolsa de arpillera y, si había suerte, la barra de hielo de unos cuantos kilos de peso, vendría cubierta con una capa de aserrín para retardar el inevitable derretido. La espera se hacía larga especialmente cuando se aproximaban las fiestas de fin de año y había que buscar la manera de enfriar las bebidas. Luego se emprendía el viaje en el línea 4 u 11 con el hielo chorreando en el piso.
¿Heladeras domésticas? Claro que las había per...