
Por: Guadalupe Robles, historiador mexicano
- La política no es diferente a la vida. De hecho, la política es una síntesis de la vida diaria. Nada pasa en ella que no pase en los espacios y tiempos que vivimos. Por eso, un verdadero político no debe asustarse de lo que se vive en la política: decepciones, traiciones, mentiras. Si hurga en su memoria, encontrará muchas situaciones vividas en la familia, la escuela o el trabajo que se le parecen o son similares. Lo humano no distingue actividades ni oficios: está ahí con sus imperfecciones y sus pasiones incontrolables.
- En política todo es relativo. En este oficio no hay verdades absolutas. Ni recetas. Lo que sirvió para una circunstancia y un tiempo, no lo sirve para otros. Las mismas decisiones tienen consecuencias distintas. No se puede hablar de reglas inevitables. En política nada se detiene. Los pactos no pueden ser eternos. Ni los enemigos, ni los amigos. Todo fluye y recorre sus propios caminos. Como en la física, todo es movimiento relativo constante.
- La amistad es un medio para un fin. La amistad siempre es un camino complejo. Más en la política. En el ejercicio del poder, la amistad no es una relación simple. Cambia con el poder. A veces, el político necesita del amigo su complicidad, otras veces su sacrificio, las menos, su amistad en sí. El político recurre a los amigos para afianzar su poder, pero también son los primeros en ser sacrificados cuando las cosas fallan.
- Las lealtades son de paso. Muchos juran lealtad hasta con exageración, cuando se vive del poder. Sobre todos los que forman parte del círculo íntimo. Practican una lealtad ostentosa hacia el jefe y hacia los demás. No quieren que se le critique, magnifican las intenciones de los adversarios y las intenciones malignas de los medios. Pero esas lealtades son las primeras que se quiebran. Las que no resisten las pruebas cuando las adversidades llegan. Son lealtades de paso: las más comunes en política.
- No deje de voltear para abajo. Muchos juran que el poder no los ha cambiado. Que siguen siendo los mismos de antes. Que no se le ha subido a la cabeza la soberbia. Que tienen sus mismas rutinas. Falso. Todo quien tiene poder, se eleva. Cree estar por encima de los demás y aunque no lo reconozca se siente superior. Cree que con mentirse a sí mismo resuelve el problema de su ego. El poder eleva sin que uno lo decida. Cuando se tiene el poder, nunca hay que dejar de voltear para abajo.
- La política es un ciclo. Usted no será un político eterno. Como no lo es un futbolista o un boxeador. Nadie sabe cuánto durará una carrera política. Por eso, aproveche el tiempo cuando el tiempo le sonría. No siempre tendrá esa suerte, no siempre se le halagará como ahora. La política lleva a quien la ejerce por los caminos más impredecibles. Pero siempre hay un final.
- La política es espejismo. Nunca deje de recordar quien era y cómo era cuando no tenía poder. Es probable que eso es lo que seguirá siendo, cuando los días de gloria de la política le digan adiós.
Periodista Senior