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lunes, diciembre 6, 2021
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Servicio prescindible
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Es lo que algunos gremios docentes piensan de la educación

El derecho a huelga de los trabajadores del Estado está garantizado por la ley 1.626 de la función pública. Lo dice en su artículo 127 al establecer que los funcionarios sindicalizados tienen el derecho de recurrir a la huelga como medida extrema en caso de conflicto de intereses. Pero también dice que ese derecho será ejercido “conforme con las limitaciones establecidas en la Constitución Nacional y en esta ley”.

¿Y qué dice la propia ley de la función pública sobre esas limitaciones? Que la huelga no está autorizada dentro de instituciones públicas que presten “servicios imprescindibles para la comunidad cuya interrupción total o parcial pongan en peligro la vida, la salud o la seguridad de la comunidad o parte de ella”.  Entre esos servicios, fija la ley, se encuentra “la educación en todos sus niveles”. Y más adelante profundiza los detalles al advertir que “al declararse en huelga, quienes presten servicios públicos imprescindibles, deberán garantizar el funcionamiento regular de dichos servicios. La autoridad administrativa del organismo o entidad afectado comunicará al sindicato propiciante, la nómina del personal necesario para el efecto”. Que en el caso de los maestros, son todos ya que un aula sin maestro es una violación flagrante de un servicio imprescindible.

Pero, ¿es realmente la educación un servicio imprescindible? Eso ya se puso en cuestión antes de que la pandemia obligara a romper de hecho esta norma constitucional. Ocurrió en 2013, cuando la sindicalista Blanca Avalos, entonces presidenta de la OTEP, aseguró que “la educación no es un servicio imprescindible como la salud o el agua” y que “los niños de la calle no estudian y no se mueren por eso”.  Si un dirigente sindical con un alto cargo jerárquico fue capaz de espetar semejante barbaridad, es fácil imaginar lo que vendría después.

Y lo que vino es que ya a nadie parece preocuparle que durante semanas los colegios y escuelas estén vacíos. Es lo que está ocurriendo con demasiada frecuencia en las instituciones públicas. En las privadas, en tanto, las clases siguien normalmente.

Aquello de que la escuela es lo último que se cierra y lo primero que se reabre no rige aquí, en donde acumulamos dos años de retraso en la enseñanza. ¿Alguien calculó cuánto va a impactar eso en el desarrollo de millones de niños?

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