La sabiduría es el grado más alto del conocimiento en cualquier campo, así como existen personas que buscan destacarse por ser las más veloces, fuertes o atractivas también están aquellas que quieren ser las más inteligentes y esto se puede distinguir en cualquier reunión social, son las que más hablan o lo hacen frecuentemente con enjundia.
En el aula de estudios son las que más participan, cómo también presumen las calificaciones obtenidas o el reconocimiento recibido de algún profesor. El filósofo griego Tales de Mileto decía que; «Muchas palabras no indican siempre sabiduría». Muchas veces creemos que aquella persona que más habla en el círculo de amigos, compañeros o parientes es la que más reproduce vocablos complejos para describir a alguien, algo o cualquier tema del que se esté abordando entre quienes estén reunidos en un lugar y momento determinado.
Esta sencilla afirmación fue pronunciada hace más de 2.600 años por Tales de Mileto, considerado el primer filósofo de la historia occidental. Una frase que, pese a su antigüedad, parece escrita para los tiempos actuales, donde podríamos decir que abunda el ruido, pero la reflexión escasea. Hoy, en plena era de la hiperconectividad, de los hilos de X (antes Twitter), de los vídeos de unos pocos segundos, normalmente intrascendentes, y de los discursos infinitos que muchas veces no dicen nada, la advertencia de Tales resulta muy apropiada hoy día.
Tales nació alrededor del año 624 a.C. en Mileto, una ciudad jónica situada en la costa de Asia Menor (actual Turquía). Fue matemático, astrónomo, ingeniero, legislador, físico, comerciante y, sobre todo, filósofo. No era extraño entre los intelectuales de la época ya que ser polímata era la norma. Pero su columna vertebral era, sin duda, la filosofía. De hecho, Aristóteles lo señala como el primer filósofo de la tradición occidental. Fue el primero en preguntarse por el principio de todas las cosas y en buscar respuestas no en los dioses, sino en la misma naturaleza.
Vivir con valores
Una forma de entender la conclusión del sabio es entender que la sabiduría no se mide por la cantidad, sino por la calidad de lo que se dice, y que un sabio no necesita hablar mucho para decir algo importante y más hoy día que todo se abrevia para buscar ahorrar tiempo, sentarse a hojear un texto que supere las 200 páginas, ver una película que pase las dos horas o hacer algo que lleve tiempo ya no es muy atractivo para muchos en el país y diría que hasta en el mundo.
Mileto agrega también que; “el sabio no solo domina lo que sabe, sino también cuándo y cómo debe expresarlo. Lo curioso de este pensador es que logró predecir un eclipse solar en el año 585 a.C., algo que sorprendió a todo el mundo helénico, y que valoraba el razonamiento por encima del discurso. Algo que vale la pena rescatar ahora también es qué; el sabio no necesita impresionar, ni demostrar superioridad. No necesita ‘ganar’ debates; prefiere el silencio reflexivo a las charlas vacías de contenido. Es curioso cómo ahora vivimos en una era donde hablar mucho parece sinónimo de saber mucho, pero como nos advierte este filósofo de la Antigüedad, la sabiduría no es la que hace ruido ni tampoco lo necesita y se manifiesta en nuestra capacidad de pensar antes de hablar.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
