jueves, abril 16

3×3 por Benjamín Fernández Bogado. Jueves 16 de abril del 2026

UN ABOGADO DE FICCIÓN
El debate sobre Hernán Rivas, el senador que ejerció
de presidente del jurado de enjuiciamiento de magistrados sin tener título, se complica cada
vez más para los cartistas que ya no saben cómo sostenerlo y en algún momento tendrán
que soltarle la mano porque hasta ahora las cosas van más de gris a oscuro en todo
lo que se investiga en torno al senador Rivas, que no cursó, dice la fiscala Sánchez, ninguna
carrera de derecho que le diera el título, que es condición sine qua non, para que pueda
ejercer la tarea del jurado de enjuiciamiento de magistrados. Ahora Rivas ha dicho que
presentará a sus compañeros y a sus profesores, mientras cada vez se nota de que es
bastante insostenible cualquier coartada que esgrima Rivas en torno a que realmente pasó
por las aulas de una facultad de derecho.
Las cosas se complican para el rector de la época Euclides Acevedo, para el decano
Rodríguez Kennedy y también para el ministro de educación de la época Petta, quien había
tenido una denuncia hecha por su encargado de lucha anticorrupción, el fallecido abogado
Casañas Levy. Todo esto no se cortó en su momento por conveniencias políticas,
se dejó estar la cuestión creyendo que se había superado hasta que estalló el escándalo con
la denuncia de Katia González que le costó el cargo de senadora posteriormente. Lo que
habría que mirar en estas circunstancias es cuántas instituciones estuvieron involucradas,
de qué manera los mecanismos de control no funcionaron y cómo es que inclusive la Corte
Suprema de Justicia le otorgó el carnet de abogados sin haber tenido un título que
realmente demostrara de que había cursado la carrera.
Grave la situación de Hernán Rivas, convertido hasta ahora en un estafador, en un
delincuente, en alguien que tendría que ser sancionado y no seguir siendo sostenido en la
Cámara de Senadores.
NI LAS CUENTAS SABIAN
El Ministerio de Economía anuncia con bombos y platillos que va a empezar a honrar las deudas de 1.300 millones de
dólares pagando 30 millones.
Esa es una cifra muy exigua con respecto a la suma acumulada en términos de deudas. El
exministro Ferreira ha dicho que todo que se había logrado en términos de disciplina en el
Ministerio de Economía se fue al garete con la administración de Fernández Valdovinos, que
no tuvo el control sobre las acreencias que iba acumulando el Estado y que tampoco hasta
su salida supo bien cuánto era lo que su ministerio le debía a los proveedores de bienes y
servicios. Unos dicen 1.450, otros afirman 1.300 millones, pero nadie da una cifra real con
respecto a cuánto deben a farmacéuticas, vialeras, proveedores del hambre cero.
Pero lo más importante y trascendente de preguntarnos y que debe ser respondida, la
requisitoria es cómo llegaron a acumular semejante deuda sin haber tenido ninguna alarma
que hubiera sonado en el camino. Ciertamente privilegiaron otras cuestiones que no eran
necesariamente las del cumplimiento con las deudas con los proveedores. Habían dicho
queríamos maquillar probablemente los números para dar una impresión buena, ganar el
doble grado de inversión, engañar a estas calificadoras, ponernos bien con el Fondo
Monetario y el Banco Mundial y ir para adelante.
Todo eso se cayó, se desplomó como un castillo de naipes. Y lo peor, nadie responde a la
pregunta cómo llegaron a acumular 1.500 millones de dólares y cómo podrían sentirse
felices de pagar 30 millones, que es una especie de mita i y recreo frente al gran volumen de
la deuda acumulada.
APRENDER A CONTROLAR
Las cuestiones viales en el Paraguay tienen una larga trayectoria de corrupción. Las
empresas constructoras habían creado incluso una expresión surgida de la mala calidad de
los trabajos realizados convirtiendo la expresión mafia vialera en una cuestión recurrente
como la mafia de los medicamentos. El gobierno debería encontrar un mecanismo
realmente efectivo de control en estas obras públicas que se hagan de acuerdo al pliego
licitatorio y que se haga con la calidad que debiera.
Incluso en la época de Duarte Frutos se construyó una capa asfáltica hasta la frontera
boliviana desde Mariscal Estigarríbia que desapareció por completo dos años después.
Cuando le preguntaron a la empresa que construyó la vía dijo nos pagaron por hacer eso
que hicimos no más por otra cosa. Habría que culparle por lo tanto al gobierno de haber
hecho una licitación de tan mala calidad que encontró una empresa privada que estaba
dispuesta a realizarla.
Si nosotros comenzamos a hacer una revisión completa de todas las obras viales vamos a
encontrar sobrecostos enormes y un altísimo grado de corrupción. De esta experiencia en
donde se acumularon tantas deudas debería salir toda una nueva orientación en términos
de contratos públicos para construir rutas y caminos en el Paraguay. Un altísimo nivel de
control de forma tal a que se haga de acuerdo a lo que se necesita hacer con un pliego
licitatorio ajustado a los intereses nacionales y un fuertísimo control sobre las obras que han
sido emprendidas y la calidad de las mismas.