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Historias

René Favaloro, el médico humanista

Hablaba del “by pass” coronario como de una operación de plomería.

Por Cristian Nielsen

Fue a comienzos de los ’70. Una referencia más precisa no tengo. Para entonces, algunos periodistas –sobre todo los bisoños- estábamos muy motivados con lo que para entonces era lo más nuevo en medicina cardiovascular: el trasplante de corazón, ocurrido en 1967. Pongámonos en perspectiva. En esos años no había internet, ni telefonía celular, ni TV color o por cable, las señales internacionales en directo eran casi desconocidas y hasta el descenso del primer hombre a la Luna, en 1969, lo vimos 24 horas después y en diferido. Era obvio que las novedades llegaban, en detalle, mucho después de ocurridas. 

Cuando el cirujano Christian Barnard le trasplantó un corazón a Louis Washkansky en el Hospital Groote Schurr de Ciudad del Cabo, Sudáfrica, la noticia tardó un tiempo en permear las lentas redes de comunicación y llegar al Paraguay para asombrarnos. Felizmente teníamos a una eminencia local en la especialidad, el Dr. Jacques Balansa, para explicarnos de qué se trataba. Oímos hablar entonces de donación de órganos, síndrome del rechazo, compatibilidad histológica y términos que nos sonaban extraños y escalofriantes. Ibamos familiarizándonos con una lexicografía hasta entonces circunscripta a los quirófanos y los claustros profesionales.

Entonces, llegó René Favaloro.

“ES COMO UNA PLOMERIA” – El Dr. René Favaloro llegó al Paraguay creo que invitado por la Sociedad Paraguaya de Cirugía Cardiovascular para dar una conferencia.  Siendo una eminencia internacional, su presencia fue saludada calurosamente por la comunidad local de cardiólogos pero no logró conmover demasiado al público masivo. La prueba es que para entrevistarlo, mandaron de La Tribuna a un pinche de redacción como yo. 

Sólo años después podría comprender la suerte que tuve.

Favaloro era un tipo alto, cerca de 1,90, de complexión sólida, que en su juventud practicó basquetbol en el club Gimnasia y Esgrima de La Plata. Fuí a entrevistarlo en el Circulo Paraguayo de Médicos y cuando me saludó  –lo recuerdo vívidamente- me parecía estar estrechándole la mano a un estibador y no a un médico que hizo de la cirugía “by pass” o “puente aortocoronario”, una especialidad de éxito mundial.

Iba al tema sin preámbulos. Cuando le pedí que explicara lo más sencillamente posible en qué consistía la técnica del “by pass” hizo eso, precisamente, hablar sin vueltas ni términos incomprensibles.

“Mire, es como una operación de plomería. Si un cañito, que es la arteria coronaria, se tapa, cortamos un pedacito de vena de una pierna, por ejemplo, la conectamos a la arteria aorta, la principal, y el otro extremo lo insertamos en la coronaria sorteando la parte que está tapada”. 

Favaloro lo hizo simple, mostrando un puño para ilustrar cómo corre la arteria coronaria alrededor de su parte superior. 

Hasta un niño de cinco años lo habría comprendido.

HOMENAJE A LA VIDA – Favaloro no se había puesto, como diríamos hoy, “en modo fácil” para que lo entendiéramos. El era así. Había nacido en el barrio El Mondongo de La Plata en donde hizo los tres niveles de estudio, incluida la Facultad de Medicina en donde se graduó en 1949. Y cuando se disponía a asumir una vacante de auxiliar en el Policlínico de La Plata, prefirió perder esa oportunidad porque con la ficha profesional venía adosado un formulario de afiliación al Partido Justicialista, el de Perón. “No”dijo. Y se fue.

Favaloro se refugió en un pueblito de la provincia de La Pampa (que por entonces se denominaba Eva Perón) donde practicó la medicina de cabecera y, no satisfecho con eso, se aplicó a la tarea de educar a la comunidad en hábitos de higiene y buena alimentación, bajando los índices de mortalidad infantil y de desnutrición.

De aquel perdido punto de la geografía argentina, Favaloro saltó directamente a una clínica de Cleveland, Estados Unidos. Alli pasaba horas y horas –dice su biógrafo- “revisando cinecoronarioangiografías y estudiando la anatomía de las arterias coronarias y su relación con el músculo cardíaco”. De aquel denso ambiente académico emergió su libro “Tratamiento quirúrgico de la arteriosclerosis coronaria”.

Poco después de su publicación, Favaloro estuvo en el Paraguay para dar conferencias sobre su especialidad. 

Pero así como podía salvar vidas con su inigualable experticia quirúrgica, también podía agasajar a sus amigos con alguna pasta casera, amasada y cocinada por él mismo.

ROA BASTOS EN SUS MANOS – Cuando ingresó al Instituto de Cardiología y Cirugía Cardiovascular de la Fundación Favaloro para una evaluación clínica, Augusto Roa Bastos tenía 88 años. El diagnóstico fue rápido y la recomendación directa: intervención inmediata. El 12 de enero de 1.999, al autor de Hijo de Hombre  -historia llevada al cine por el director Lucas Demare bajo el titulo de Choferes del Chaco, “La Sed” para el público español-  se le practicaron tres by pass que permitieron restituir a su corazón una razonable vitalidad.

Roa había llegado a Buenos Aires acompañado de su médico Alejandro Maciel y de sus familiares. Enterado de su estado, el propio Favaloro aseguró al escritor y a toda su familia que tanto la operación como la terapia de recuperación serían completamente gratuitas.

HUMANISTA – Lo de Roa Bastos no fue una excepción. Esa era la medicina que practicaba Favaloro, que no se cansaba de repetir: “A toda hora nuestro esfuerzo personal y la capacidad tecnológica de la clínica están al alcance de todos, poniendo en práctica aquello de que la salud es un derecho inalienable que no tolera privilegios”.

Con admirable perseverancia, llevó adelante su fundación hasta que las cuentas no le dieron. Pidió ayuda al Gobierno (de Fernando de la Rua) y todo lo que obtuvo fue indiferencia. Un malhadado día del año 2000, el médico rural, científico y humanista, decidió poner fin a su vida disparándose un tiro en el corazón. Había dejado una carta en la que decía:

“Me aconsejan que para salvar a la Fundación debemos incorporarnos al ‘sistema’. Que hay ‘especialistas’ que saben cómo hacerlo. Debés dar un paso al costado, me dicen. Aclararemos que ‘vos no sabés nada, que no estás enterado’… En este momento y a esta edad, terminar con los principios éticos que recibí de mis padres, mis maestros y profesores me resulta extremadamente difícil. No puedo cambiar, prefiero desaparecer. Me ha derrotado esta sociedad corrupta que todo lo controla”.

Una muerte absurda, una pérdida inmensa. Nada sería igual en la medicina.

Equipo Periodistico
Escrito por

Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, Lorena Barreto, Luz González, Jacqueline Torres, Patricia Galeano, Magalí Fleitas, Victor Ortiz, David Chamorro, Mary López, Jhojanni Fiorini, Juan Martínez, Felipe Dominguez, Fabrizio Meza.

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