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“Me independicé de mis padres, ¿me hace un mal hijo?”

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Llega el momento en que debés emprender tus propios caminos y alcanzar cada uno de tus objetivos, pero una leve sensación que se viste de culpa visita tu mente y ya no sabés qué decidir: luchar por tus sueños o mantenerte junto a tus padres para no “abandonarlos”.

Sin saber cuáles son los pasos iniciales a la hora de trabajar en tu futuro, la idea de herir los sentimientos de tus padres o presentarte como un mal hijo podrían englobar una de las leves complicaciones emocionales que te impiden desarrollar la muy anhelada independencia.

De acuerdo con investigaciones publicadas en la revista Vanity Fair, desde la década de los setenta, cada generación ha tardado más que la anterior en terminar los estudios, conseguir la independencia económica, casarse y tener hijos, los millennials, a menudo siguen estudiando, tienen la mitad de probabilidades de estar casados y la probabilidad de que sigan siendo mantenidos es un 50% superior.

En el mismo material también se menciona que los jóvenes tienden a sentirse más próximos a sus padres que cualquier generación anterior. Se piensa en ellos como “solucionadores de problemas” y “amigos” y no como fuerzas dominantes de las cuales algunos ansían escapar y cada vez es mayor el número de los que siguen en casa.

Según la psicóloga Jude Miller Burke, autora de The Adversity Advantage, en otros tiempos, la frontera con el mundo adulto marcaba la independencia, pero ahora la línea está en la posibilidad de ser económicamente inteligente y en la garantía de algún tipo de futuro financiero seguro. Por ello, más allá del lazo emocional, una persona sigue en la casa de sus padres por la posibilidad de ahorrar dinero y la comodidad.

PRINCIPALES
IMPEDIMENTOS
“Cuando hablamos de los impedimentos emocionales, pueden influir muchos factores. Desde el estilo de crianza recibido durante la niñez, así como también algunos aspectos adquiridos durante la adultez, que aún deben ser trabajados, como la falta de confianza en sí mismo, baja autoestima, miedo al fracaso, sentimientos de culpa, entre otros”, mencionó la licenciada en Psicología Clínica, Lourdes Palacio.

Teniendo en cuenta los factores mencionados, la profesional resaltó que una persona puede llegar a sentirse como un mal hijo/a solo por pensar en independizarse y explicó que pasa con mucha frecuencia, pues está culturalmente instalada la idea de que los hijos deben estar siempre para cuidar a los padres.

“Sin embargo, es algo que se puede seguir haciendo, sin la necesidad de vivir bajo el mismo techo”, acotó la licenciada. Por ello, quienes tengan la intención clara de independizarse, no deben pensar que abandonan a sus padres, pues solo buscan un camino nuevo para sí mismos y para sus objetivos.

En cuanto a otros posibles impedimentos, la psicóloga señaló que a veces puede hablarse de una dependencia emocional, pero no siempre se trata exclusivamente de esto.

“Cuando el vínculo es muy fuerte y se generó un apego inseguro, hace referencia directa a la dependencia emocional, pero este tipo de situaciones no son aspectos centrales que dificultan el proceso de independencia en alguien”, determinó Palacio.

PROCESO DE DESAPEGO
Para el desarrollo de un desapego paulatino de los hijos hacia sus padres, la psicóloga aconsejó que la persona debe aceptar cuánto le cuesta y así también responsabilizarse por su vida adulta.

“Ver también de qué manera puede continuar el vínculo saludable con sus padres, sin estar necesariamente dentro de la casa de los mismos. Pensar, reflexionar, analizar las necesidades y mejorar personalmente, contribuirán a la hora de tomar la decisión de independizarse, que claramente tendrá un efecto positivo en el crecimiento de la persona”, sentenció Palacio.

Así también, como algunas recomendaciones para que la persona comprenda que no es un mal hijo/a, la licenciada habló de pensar en los posibles beneficios encontrados en la búsqueda de independencia.

“Esa decisión otorgará, a nivel personal, que tenga un mayor conocimiento acerca de sí mismo/a, de sus fortalezas y debilidades, aparte de la posibilidad existente para trabajar en su autoestima”, concluyó la psicóloga.