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viernes, octubre 22, 2021
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Autocracia y populismo

Tal como los señalaron las encuestas oficiales y opositoras, el resultado confirmó la sentencia. El Independiente tituló: Votos divididos y confirmó una vez más, esa capacidad histórica de los partidos políticos, frentes, agrupaciones o comisiones vecinales para fragmentarse hasta en un grupo de 3 personas. ¿Cómo se resuelve esta dispersión? Muy simple:  Por la figura del caudillo.

Saro Wilfrido Vera Troche (1922-2000) en su libro El paraguayo (un hombre fuera de su mundo) describe minuciosamente tres tipos de caudillos. Citaré las características del segundo tipo,” es aquel de órdenes tajantes, con gran propensión a ser un mandón, llena una condición muy apreciada por el paraguayo, que es la seguridad. El paraguayo haría cualquier cosa por la seguridad…,” para continuar diciendo, “Este tipo de caudillo puede llegar a sentirse dueño del pueblo en vez de considerarse expresión de él.”

A pesar del tiempo transcurrido, si usted no identifica al mismo caudillo 4×4, que se subió a todos los actos electorales en cualquier lugar del país, en nombre de la SEGURA CONCORDIA, anticipando resultados y nacionalizando la fórmula Peña-Allana para el 2023, es porque no quiere ver a ese hombrecito de baja estatura, cuyo cálculo solo le falló en Encarnación y Ciudad del Este, donde pensaba casi refundar esa ciudad y aplastar a su oponente. La política, por suerte, tiene esas travesuras y deja un espacio para seguir soñando.

En 1983 asumía como presidente Raúl Alfonsín, luego de la dictadura militar argentina y afirmaba que con la democracia, no solo se vota, sino también se come, se educa y se cura. Diez años después se sancionaba la actual constitución paraguaya y se elegía el primer gobierno pos dictadura. Pasaron treinta años, el mundo se globalizó, internet democratizó la información, muchas cosas cambiaron, pero muchas otras siguen igual. Pobreza, educación y salud, son asignaturas pendientes no solo en Paraguay, sino en varios países de la región.

Respecto a la democracia, según Latinobarómetro, solo el 53% de las personas en 2017 pensaba que la democracia era la mejor forma de gobernar. Nuestro 59 % del domingo no está muy lejos y si le sumamos el 8 % de los votos en blanco, completamos la insatisfacción reinante.

Es así como año a año este descreimiento va dando lugar a candidatos más autoritarios y el vínculo con la corrupción pasa a ser una cuestión menor. “La democracia no cumple lo que alguna vez prometió”.

Frente a este panorama, crece la autocracia y la misma se revalidó el domingo 10 en Asunción.  Autocracia (del griego «autokrateia») es un sistema de gobierno que concentra el poder en una sola figura (a veces divinizada) cuyas acciones y decisiones no están sujetas ni a restricciones legales externas, ni a mecanismos regulativos de control popular”. Los autócratas naturalmente necesitan una estructura de poder para gobernar y luego de 60 años se hace difícil diferenciar entre la oligarquía política heredada de Stroessner y este nuevo tipo de herencia por derecho divino o superioridad del líder, que todo lo resuelve sin pedir dinero a cambio.

Ni el detergente y aumento de salarios de Rodríguez ni la Pandora de Horacio, alteraron el ritmo normal de las cosas. Todo transcurre serenamente y si algo se traba, vamos a la avenida España.

El gobierno miró para otro lado y aquí no pasó nada. Menos aún después de ganar una elección. Pero la inversión desinteresada el Patrón ¿cómo se recupera? Es apenas un detalle de caja chica, el dinero vendrá con los nuevos negocios del nuevo gobierno. Por ello hoy los autócratas se eligen democráticamente, por el creciente descontento con el sistema y difícilmente volveremos a alcanzar el 90.45% de Martín Burt, nunca superado por las elecciones posteriores, que siempre estuvieron por debajo del 60%.

A nivel económico, sigue siendo el Estado centralista el mayor empleador y con gran volumen de poder en el sector público. Las combinaciones de negocios privados con incidencia en el partido mayoritario hacen una combinación altamente rentable, que supera el poder de competencia del mercado, donde la gran mayoría de potenciales competidores guardan respetuoso silencio ante el versátil caudillo autocrático, que hasta hizo caer empanadas del cielo unos días antes de las elecciones en diferentes shoppings, para deleite de grandes y chicos.

Felices para siempre
Desde hace ya un tiempo y varios gobiernos, se vienen tomando “medidas de gobiernos populares” para ganar la simpatía de la población o bien apagar incendios cada vez más frecuentes. Llegan los campesinos o indígenas, que llevan siglos esperando y la combustión social hoy recae en los maestros y los médicos y mañana, vaya a saber en qué sector. Lo cierto es que solo se negocia bajo presión y no por la justicia del reclamo. Para cada caso habrá una lenta mesa de negociación, donde con el correr de los días los que protestan hacen cuentas simples y vuelven a casa, desesperanzados y casi igual o peor que cuando se plantaron.  La liturgia se renueva cada año y las estrategias de solución parecen calcadas de la administración anterior.

En el camino de regreso a su valle o en el recorrido de su próxima protesta, le lloverán mensajes sobre su seguridad y felicidad. Los discursos electorales casi son un manual de autoayuda para los necesitados y los que deben prestar el servicio, con tráfico o sin tráfico de influencias. Los primeros ya saben dónde afiliarse para lograr un seguro todo tiempo que no les garantiza ser ricos, pero sí mantenerse establemente pobres. ¿Quiere mayor seguridad que eso? Aproveche en tiempos pandémicos; estas ofertas no son frecuentes. Piense un poco, ¿qué otro partido tiene este catálogo de oportunidades?

Usted no se preocupe de donde salen los fondos, usted se lo merece todo y a la felicidad de su familia está por encima de lo que usted produzca al lado de los 7999 empleados municipales. La vida es así.

Después de todo, según Transparencia Internacional, más de la mitad de las personas en la región sienten que a su gobierno le va mal en la lucha contra la corrupción. A nosotros no nos va mal, nos va pésimo y ocupamos uno de los últimos lugares de la lista.

Mientras una mitad festeja, la otra lame sus heridas. En unos días el dolor se habrá calmado y las elecciones serán historia reciente.

Pero cabe destacar que “los caudillos tienen la cualidad de ofrecer seguridad a pesar de que interiormente no sea una persona segura. La cualidad de infundir confianza, orlada de un aura de preminencia espontánea hechiza al paraguayo”, al decir de Saro Vera.

No cabe duda que estos temas estuvieron presentes en el imaginario colectivo, en una campaña pobre en propuestas y rica en descalificaciones. Cómo salir de la autocracia y el populismo es el desafío por delante. No solo es necesario, diría que hasta imprescindible. Para ello hay que comenzar por enterrar los personalismos, demandar las generosidades ausentes, compartir conocimientos propios y ajenos y dejar que florezcan mil flores sin envidiar el aroma de la hermosa flor del vecino.

Arturo Enzo Bregaglio
Arturo Enzo Bregaglio
Abogado. Periodista y Lic. Ciencias de la Comunicación. Ex director de Radio Viva y vicepresidente por América Latina y Caribe de AMARC (Asociación Mundial de Radios). Ha impartido numerosos cursos de Comunicación Política y Derecho a la Comunicación en México, Costa Rica, Colombia, Perú, Ecuador, Bolivia, Chile, Uruguay y Argentina. Consultor de la organización para la migración paraguaya. Gestión de las campañas en Estados Unidos, Brasil, España, Francia, Italia, Suiza y Argentina, para el logro del voto de los paraguayos en el exterior.

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