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Editorial

Las dos caras de Sarmiento

La mejor: Su impulso a la educación paraguaya

Fue después del 22 de setiembre de 1866. Mientras todo el Paraguay celebraba la contundente victoria de Curupaity, en Washington, donde ejercía el cargo de Ministro Plenipotenciario de Bartolomé Mitre, Domingo Faustino Sarmiento se enteraba de la muerte de su hijo Dominguito, caído en Curupaity. Tal vez víctima del dolor aguzado por la distancia, Sarmiento emitió aquella maldición según la cual, todo paraguayo debía ser muerto en el seno materno.

No se sabe si fue el tiempo que moderó el dolor o la conciencia de su muerte próxima que lo llevaron a buscar paz y sosiego en el Paraguay. Como quiera que sea, Sarmiento llegó a Asunción en mayo de 1887, a una Asunción con severos rastros de la guerra y una población que lo acogió con cordialidad, que nunca intentó pasarle factura por sus dichos, por sangrientos que hubieran sido.

Pese a su salud declinante, Sarmiento se abocó de inmediato a colaborar con la educación de una nación que renacía de sus ruinas. Los historiadores polemizan sobre el verdadero papel del argentino en la reconstitución del sistema educativo. Sarmiento puso su experiencia para la redacción de la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria y la creación del Consejo Superior de Educación además de la Superintendencia de Instrucción Pública. Sarmiento también apoyó la creación del Ministerio de Instrucción Pública y luego en la fundación de la Universidad Nacional de Asunción, participando incluso en la redacción de manuales y libros de texto.

Pero sus resultados iban a ser cuestionados años más tarde, cuando Ramón Indalecio Cardozo advertía: “…A pesar del progreso alcanzado en el organismo escolar, tanto en lo material como en lo espiritual, deseábamos una escuela netamente paraguaya, nacional. Veíamos, desde nuestra Escuela de Villarrica, que nuestra pedagogía y nuestra didáctica no eran sino prolongación de la pedagogía y de la didáctica argentinas, que los textos eran argentinos, que los cánones graves y severos de José M. Torres…  imperaban en nuestras aulas, dirigían la actividad pedagógica de nuestros maestros y orientaban la mente de nuestra juventud normalista”.

Las huellas de Sarmiento se ven en lo bueno y en lo tal vez cuestionable. Su historia en el Paraguay fue de apenas 17 meses y acabó para siempre un 11 de setiembre de 1888.

El viernes pasado se cumplieron 132 años.

Equipo Periodistico
Escrito por

Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, Lorena Barreto, Luz González, Jacqueline Torres, Patricia Galeano, Magalí Fleitas, Victor Ortiz, David Chamorro, Mary López, Juan Martínez, Fabrizio Meza.

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