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Editorial

¡Intolerable!

Los alimentos deben ir a quienes más los necesitan

La desafortunada definición de la distribución de kits de alimentos por parte del MEC como un “programa universal” debería ser revisada de inmediato, aún cuando esté contenida en una ley. Así como la pobreza y el hambre no son universales, tampoco debería serlo el reparto de alimentos.

La historia que habla de vehículos de lujo pasando por la escuela para retirar paquetes de comida como si fuera un supermercado es inadmisible y de una inmoralidad intolerable. El país está haciendo un esfuerzo inmenso para que la alimentación escolar llegue a destino con toda la matrícula escolar en su casa e inmovilizada.

Se sabe muy bien para qué se diseñó este programa. La ley lo dice claramente: proporcionar alimentación, variada, balanceada, de calidad óptima y adecuada a los requerimientos nutricionales  de  cada grupo etario, proporcionado en el marco del régimen escolar, conforme a las características socio-culturales… Y más adelante especifica, en su artículo 10: “Que la asignación de programas de alimentación escolar … deberá priorizar las instituciones educativas situadas en zonas de extrema pobreza…”. Que son, precisamente, los sectores de la población con mayores dificultades de movilidad, sobre todo en tiempos de pandemia y cuarentena.

¿Cómo puede competir una familia hundida en los basurales del Bañado Norte o en los cinturones de miseria del área metroplitana contra el chofer de la señora del barrio Mburucuyá que pasa por la escuela a llevarse paquetes de comida? ¿Es tan difícil, en tiempos de los registros digitales y los algoritmos, saber quiénes tienen prioridad absoluta para llevarse los kits de alimentos? ¿Tiene el
Estado tanto dinero como para llenar las alacenas de las familias más acomodadas? ¿En qué diablos están pensando que son incapaces de dirigir con sensatez un programa vital para centenares de miles de familias llevadas al extremo de la necesidad?

Olvídense de la universalidad y empiecen por los sectores más vulnerables. En 2018, 1.679.000 personas residían en hogares cuyo ingreso per cápita era inferior al costo de una canasta básica de consumo. Hagan algo, movilicen al ejército o a quien sea para que la comida llegue a esos hogares y no termine desbordando las despensas de los que pueden comprarla sin que les mueva el
amperímetro.

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Equipo Periodistico
Escrito por

Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, Lorena Barreto, Luz González, Jacqueline Torres, Patricia Galeano, Magalí Fleitas, Victor Ortiz, David Chamorro, Mary López, Juan Martínez, Fabrizio Meza.

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