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Opinión

Incendiar la empatía

El 24 de diciembre estuvo lejos de ser una Noche Buena para un centenar de familias de uno de los barrios más emblemáticos de nuestra capital. La inconsciencia y el mal uso de pirotecnia arrasaron con los sueños y posesiones de asuncenos que tienen su morada en ese lugar.

Mientras las brasas de la Chacarita seguían ardiendo, las redes sociales ya se saturaban de comentarios, llamémosle “nacionalistas”, que hacían alusión a la situación de informalidad de esas familias que habían ocupado de manera ilegal ese lugar. Desde el infaltable “el pobre es pobre porque quiere”, hasta “son punteros políticos que eligen vivir ahí porque se les paga”.

Cada paraguayo es responsable de lo que ocurre en la Chacarita y en todos los barrios en situación de vulnerabilidad. ¿Por qué existen? ¿a quiénes “expulsamos” de otro lugar, obligándolos a poblar terrenos fiscales o privados? ¿de qué manera el Estado “habilita” a que estas ocupaciones ocurran frente a sus narices, para luego de años reclamar a los moradores? ¿cuál es el plan de dignificación de estas familias? Son miles de preguntas las que nacen y tenemos la misma cantidad de posturas. Lo que llama la atención es el discurso virulento que alude que las personas viven entre chapas y cartones, sin agua potable, sin baño moderno, por una cuota política. Invito a todos los que crean que eso es así, a que prueben vivir en esas condiciones para ver si realmente lo vale.

Sentenciar que las personas eligen vivir en ésa realidad es una falta de empatía en sí misma, porque asumimos que su elección fue libre y que en realidad barajaban muchas opciones, además de asumir erróneamente que se trata de personas que no trabajan, que consumen estupefacientes y se dedican a delinquir.

Recuerdo en un viaje por una capital, al atravesar un túnel, el conductor me dice: “Este es el túnel que conecta el aeropuerto con la zona comercial, se hizo bajo tierra para no tener que pasar por los barrios pobres”. Esto me ocurrió hace unos 15 años y nunca se me olvidó, porque es reflejo de lo que representa una sociedad sin empatía: No queremos siquiera ver a personas vulnerables, no queremos que “invadan” nuestra ciudad, como si realmente la ciudad nos perteneciera.

No puedo estar de acuerdo con no formalizar gradualmente a las familias que se encuentran en situación de informalidad, pero el camino para eso debe iniciar por la dignificación de las familias, no por la estigmatización.

Bruno Vaccotti
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