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EL CANDIDATO
viernes, julio 30, 2021
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Asunción

Hasta las elecciones… después vemos
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Maniobras desleales, y sucias, que desnaturalizan el voto.

Es muy común esta expresión entre los cenáculos de la política. Primero la usan los asesores de marketing electoral que aconsejan al candidato en el poder, un determinado curso de acción. “Si Ud. va a hacer obras, no las entierre. Póngalas a la vista, que sean fotografiables y estén a la vista de la gente”. Esto significa “no se le ocurra hacer cloacas, plantas de tratamiento de aguas negras, tuberías de desagüe pluvial, ductos eléctricos subterráneos y cosas por el estilo. Eso hágalo después de ganar las elecciones…”. Es entonces cuando el candidato en el ejercicio del poder construye viaductos, rutas, viviendas, alguna que otra escuela u hospital, obras útiles pero que, sobre todo, dan buenas fotografías de campaña… porque una foto vale por mil palabras. La gente mira mucho y lee poco…

¿Adonde vamos con este comentario? A que los políticos viven pensando en la próxima elección.

Uno podría pensar que esa es la esencia de la democracia, buscar y conquistar el poder por la vía de las urnas. Y eso es legítimo, así debe funcionar una República. El problema llega cuando se desnaturaliza el uso de una herramienta tan noble como el voto. Porque los bandos antagónicos que pujan por el poder se transforman en fuerzas destructivas, unos para retener el poder y otros para sacar de él, a cualquier precio, al adversario.

El que está en el poder usa recursos públicos discrecionalmente. Se reparten subsidios, se manipulan los aumentos, se distribuyen bonificaciones entre funcionarios públicos y se juega fuerte con el dinero de todos. La compra de votos asume proporciones fantásticas y aunque el sistema funcione en forma correcta, es posible direccionar determinados sectores de votantes manipulando una combinación de “peso padrón” y de prebendas, maniobra que los algoritmos hacen más viable que nunca.

El que está en la llanura y va al asalto del poder usa otro tipo de herramientas. Por ejemplo, las denuncias de corrupción, las campañas de destrucción de imagen y trabajos sucios por el estilo.

Esta “herramienta” es trasversal a todos los signos partidarios. Se usa indiscriminadamente, según se está arriba o abajo. Todo esto convierte los cargos electivos en botin de guerra y el que sale perdiendo, una vez más, es el ciudadano.

Porque se trata de aguantar hasta la próxima elección.

Después vemos.

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