Cada 31 de octubre como hoy, suelen resonar voces pseudo conservadoras que
rechazan Halloween llamándola “fiesta impuesta”, ajena a nuestras raíces. Lo curioso
es que esta crítica rara vez se sustenta en argumentos históricos o culturales sólidos.
Se repite como mantra, sin reflexión, como si las demás celebraciones que abrazamos
con fervor fueran espontáneas, puras y creadas en Paraguay. ¿Acaso Navidad, Reyes
Magos o Semana Santa no fueron también importadas, moldeadas y comercializadas?
La doble moral cultural de estas personas es obvia cuando rechazan Halloween por
“extranjera”, pero de seguro celebran con todas las ganas el Oktoberfest, el Día de
San Patricio o incluso el Hanami japonés, sin preguntarse el origen de esas
celebraciones. Estas fiestas, al igual que Halloween, han sido adoptadas por distintas
culturas a través del tiempo, transformadas por el comercio, la globalización y el
marketing. No hay festividad que no haya sido adaptada por intereses económicos de
un pueblo que lo único que quiere es pasarla bien, sea con amigos o familiares.
Evidentemente lo que molesta no es Halloween en sí, sino lo que representa: una
celebración lúdica, irreverente, que no encaja en el molde moralista de ciertos grupos
de la sociedad. Pero camuflar esa incomodidad como defensa de la “identidad
nacional” es algo simplemente patético. La cultura no es estática, y pretender que lo
“propio” debe excluir lo “ajeno” es negar el dinamismo que define a toda cultura de
cualquier parte del mundo.
En lugar de rechazar lo nuevo solo por algunos prejuicios infantiles, deberíamos
preguntarnos qué nos aporta, cómo lo adaptamos y qué significado le damos.
Halloween, como cualquier otra fiesta, puede ser una oportunidad para festejar,
compartir y reflexionar. Lo impuesto no es la celebración, sino la idea de que hay una
sola forma correcta de celebrar una fecha, incluso cuando esta llega en forma de una
alegre calabaza.

Licenciado en ciencias politicas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicacion o intereses particulares
