Definir la felicidad es uno de los mayores desafíos de la historia, principalmente porque no es un destino fijo ni una fórmula única, sino una experiencia profundamente subjetiva. Para entenderla, vale la pena mirarla desde tres grandes perspectivas: la filosofía, la ciencia y la psicología actual. Podemos ser felices teniendo algo o estando en un lugar determinado o en compañía de personas, cosas o seres vivos específicos, pero no es cómo es cómo leyó más arriba un destino fijo o fórmula única, podemos ser o estar felices en soledad, silencio o nada que estimule nuestros sentidos.
Antoine de Saint-Exupéry, aviador y escritor de «El Principito», decía que: «La felicidad de una mujer no está en los lujos ni en la adoración vacía, sino en la paz de saberse comprendida, respetada y libre para florecer».
Antoine de Saint-Exupéry defendía que; “la felicidad no debería verse como una meta, sino como un camino y una manera de vida” para que exista siempre en lo posible y estemos cómodos, sin tensión, estrés o malestar con nuestros entornos o nosotros mismos.
Es importante tener en cuenta estas reflexiones que vienen de alguien que luchó y murió en la Segunda Guerra Mundial, porque fue un apasionado y experimentado piloto de combate.
Un ejercicio literario
Tiempo en el que imaginó el vocablo felicidad no existía, porque cualquier guerra trae consigo muerte, lesionados, destrucción y todo lo que vaya en contra de ser realmente feliz, y por ese motivo es importante tener en cuenta de esta persona cuyos cuentos ayudaron a pensar sobre uno de los viajes más importantes que tiene todo ser vivo en el planeta que es la misma vida.
Su trabajo “El Principito» es un tratado filosófico camuflado de fábula que cuestiona la forma en que los adultos vivimos, priorizamos y entendemos el mundo;
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«Lo esencial es invisible a los ojos»:
Es quizás la lección más famosa del libro, soplada por el zorro. Nos recuerda que las cosas verdaderamente valiosas de la vida —el amor, la amistad, la bondad, la belleza interior— no se pueden ver ni tocar con los sentidos físicos; solo se pueden percibir e interpretar a través del corazón. Los adultos suelen obsesionarse con las apariencias, las cifras y lo material, perdiendo de vista lo genuino.
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valor de «domesticar» (Crear lazos):
Para el zorro, «domesticar» significa crear un vínculo único con alguien. El mundo está lleno de personas y cosas parecidas, pero cuando te tomas el tiempo de conocer a alguien, de cuidarlo y de compartir tu tiempo, esa persona se vuelve única en el universo para ti. El tiempo que perdiste por tu rosa hace que tu rosa sea tan importante.
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La responsabilidad de cuidar lo que amamos:
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Derivada de la anterior, el libro nos enseña que el afecto conlleva compromiso: «Eres responsable para siempre de lo que has domesticado». No se trata de poseer al otro, sino de cuidarlo y ser fiel al lazo que se ha construido, tal como el Principito hace protegiendo a su rosa bajo el fanal de vidrio, a pesar de las imperfecciones de ella.
Este trabajo no debe ser limitado solo para los niños sino cualquier persona que pueda leer y asimilar bien el significado de las palabras y construcción de momentos del cuentista.
Tiempo para repasar la vida y la obra del frances que pasó alguna vez por el Paraguay incluso.

Licenciado en Ciencias Políticas (UNA), comunicador, productor y editor de contenido creativo para medios de comunicación o intereses particulares
