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Editorial

Fallida resocialización

Más que cárceles, maestrías en alta delincuencia

Hubo un tiempo en que quienes acudían, en especial mujeres, a visitar a algún pariente preso en Tacumbú se las ingeniaban para meter subrepticiamente un par de atados de cigarrillos o alguna petaquita de caña. Según evolucionaran los contactos con los cancerberos de turno, aquello podía alimentar una corriente estable de comercio intra penal con resultado win-win para todos.

De la cañita y los puchos se fue evolucionando hacia elementales preparaciones estupefacientes, sobre todo las que ayudaran a los reclusos a transcurrir aquella vida gris y sin horizonte. El instinto de supervivencia agudizó la creatividad de la población penitenciaria que aprendió a fabricar facas, estiletes, puñales, estoques y toda clase objetos metálicos corto punzantes capaces de mantener a raya al rival, con resultados frecuentemente fatales. Las requisas regulares daban como resultado un arsenal de armas blancas que hubiera provocado la envidia del mercenario mejor armado de la Guerra de los Treinta Años. En el colmo de la creatividad, se llegó a fabricar
hasta una escopeta casera a partir de caño galvanizado y munición calibre 12. Devastador, en especial para el arrojado armero.

Pero eso fue hace mucho, mucho tiempo. El panorama ha variado, por dos razones. Una, la tecnología y los “tutorials” que en internet enseñan a fabricar cualquier cosa. La otra, que la administración penitenciaria sigue anclada en el siglo XIX, con edificios que pueden socavarse con una cuchara sopera y un puñado de guardias mal pagados y peor motivados, al menos por el Estado. La ultima inspección de Tacumbú muestra el delirio de ineficacia que ha alcanzado la política de “encierro resocializador” del sistema judicial.

Hoy, cocinar cocaína en el penal parece más sencillo que hervir un caldo en cubos, los dólares y los euros van y vienen como agua y la conectividad por banda ancha está más garantizada que en un shopping o una galería. En esas condiciones y con los contactos adecuados, ir a Tacumbú equivaldría casi a cursar un MBA en circuitos de lavado y narco-finanzas aplicadas.

Desde el inicio de la transición democrática hasta hoy se han repetido mil fórmulas para acabar con la falacia de las cárceles de alta seguridad, otro capítulo fallido de un Estado enfermo de ineficiencia y corrupción.

Equipo Periodistico
Escrito por

Equipo de Periodistas del Diario El Independiente. Expertos en Historias urbanas. Yeruti Salcedo, Lorena Barreto, Luz González, Jacqueline Torres, Patricia Galeano, Magalí Fleitas, Victor Ortiz, David Chamorro, Mary López, Juan Martínez, Fabrizio Meza, Lisandra Aguilar.

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