miércoles, mayo 6

Esclavitud y servidumbre moderna / Félix Giménez

Tristemente, la esclavitud no ha sido erradicada, solo ha cambiado de forma. Ya no se
trata de cadenas y grilletes visibles o amos externos, sino de hábitos y vicios que
consumen por completo a uno. Nos prometen placer o alivio, pero cobran un alto
precio: la libertad interior. Todo día cedido a ellos, va destruyendo de a poco nuestra
voluntad y dignidad humana.

Lo que resulta más doloroso de este tipi de servidumbre es que suele ser elegida,
aunque disfrazada de libertad. El hábito se instala, se normaliza y al final, termina
manipulando a uno como si de una marioneta se tratase. De esta manera, el individuo
pierde la capacidad de razonar y decidir por sí mismo. Esto no es diferente de ser
esclavo, solo que, en este caso, los latigazos se los aplica uno mismo.

Para poder romper estas cadenas, se requiere de mucha valentía y conciencia. Para
empezar, hay que admitir que uno está atrapado, lo cual no es tan sencillo como
parece. Luego, se necesita de disciplina y apoyo; buscar ayuda profesional puede ser
muy útil. Recuperar el control de nuestra voluntad es quizá uno de los actos más
poderosos de libertad, tanto física como espiritual.

Que podamos reflexionar sobre estas formas de esclavitud es más que necesario en
esta sociedad moderna, saturada de estímulos y consumos excesivos. La verdadera
libertad no es simplemente hacer lo que uno quiere, sino de ser dueño de sí mismo.
Reconocer eso que nos domina es el primer paso para poder liberarnos. Ya que no
hay cadenas más poderosas que aquellas que no vemos; pero sí las sentimos cada
día.